La economía social y los hombres
Es una verdad irrebatible que la economía es social, no puede ser de otra manera. Si el hombre, por naturaleza, está obligado a vivir en sociedad no quedan dudas de la razón social de la economía. Centro de Extensión*Opinión Es esencial tener en cuenta que, la empresa no es sustancialmente una mera unidad económica, sino una unidad social productora de riqueza. Es una unidad social con efectos económicos, no una unidad económica con efectos sociales.En los últimos tiempos ha surgido un imperativo inexcusable de recrear la economía social, como algo nuevo, innovador, que intenta atemperar los destinos pérfidos del capitalismo globalizado.Se dilucida como una alternativa a fin de paliar, contrarrestar los resultados nefastos de dicho capitalismo.El capitalismo, en todas sus variantes, desde su aparición en el siglo XVIII ha evolucionado, como es lógico por su infame comportamiento, con etapas de distracción y entretenimiento, y etapas de retracción y rechazo.Para estas últimas, ha encontrado siempre dentro de su universalidad, el antídoto para neutralizar y reencauzar el derrotero de dominación.Así pues, el marxismo, contra cara complementaria del liberalismo, fue la primera expresión de -¿rechazo?- a tantos infortunios.Luego aparecieron otros, la Doctrina Social de la Iglesia, desde fines del siglo XIX con la encíclica Rerun Novarum de León XIII, trató de recuperar la dignidad perdida por el hombre en lo que se conoció como la Cuestión Social.La economía de bienestar de Keynes definió un tiempo esencial del capitalismo triunfante: bienestar material, languidez espiritual. Un avance estrepitoso en lo económico a costas de la pérdida constante de los valores esenciales de la vida social, lo que facilitaría la instauración de la globalización sin la presencia de voces masivas de rechazo.El cooperativismo también ha sido interpretado como una variante para combatir la depredación capitalista. Su origen en el esplendor de la Edad Media exhibía una impronta totalmente distinta. No era sectorizado y combativo de los desmanes del gran capital, sino que era la impronta de toda la vida comunitaria. La solidaridad se respiraba a diario en todos los ámbitos de la vida comunitaria.Todas estas adaptaciones que se intenta revivir en estos tiempos padecen de un mal intrínseco, la tentativa de injertar una idea, un concepto, un estilo de vida en una sociedad que mayoritariamente ha cambiado absolutamente sus parámetros de relación.R.P.CH. Antoine, hace más de cien años escribió un Curso de Economía Social, en el que enuncia con claridad las razones por las cuales ésta, es la única economía que puede subsistir por el bien del hombre.La economía social, está subordinada a la ciencia social.La ciencia social como lo afirma La Tour Du Pin es ante todo filosófica e histórica, y además práctica, presentando al estudio tres dominios muy distintos, si bien conexos: la moral social o filosofía de la civilización, la historia social o desarrollo de la civilización y la economía social o la vía en la civilización.Si la economía es la ciencia de los bienes materiales, aplicada a la producción, distribución, consumo y cambio, es evidente que todas esas actividades específicas, deben funcionar con un selecto equilibrio que no se alcanza voluntariamente, sino que para ello es imprescindible una cosmovisión integral de la vida social.Por lo tanto, es antinatural que puedan convivir dos concepciones económicas contrapuestas.En una, priva la soberanía del dinero y en la otra la solidaridad, en una la oferta y la demanda, y en la otra la reciprocidad en los cambios.Cuando la barca de este efímero y materialista paraíso terrenal esté a punto de naufragar, y las olas acechen peligrosamente su supervivencia, surgirán nuevos correctivos para disipar las tempestades.Socavadas éstas, la barca seguirá su rumbo sin destino, aglutinando el despilfarro en la proa y la desventura en la popa.Este espectáculo dantesco se repetirá indefinidamente hasta que el hombre y la comunidad retomen como nutriente de su vida el sentido de unicidad de toda la vida social, y de la organicidad como sustancia de toda la economía, es decir de la economía social.Si la economía se pretende verdaderamente humana, sólo una concepción es factible, la economía social, como expresión única por el bien de la humanidad.Compitiendo con el capitalismo, no le queda otra cosa, que enmendar precariamente los despojos que éste deja a su paso.Mezclada con el capitalismo, jamás responderá a los imperativos nobles y auténticos de la justicia social y del buen vivir, podrá intentar levemente una distribución equitativa de los bienes producidos, pero no responderá, de ninguna manera a las exigencias fundamentales de una civilización que persiga la finalidad del hombre. * "Don Julio Irazusta" de Gualeguaychú
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