La economía también emitirá su sufragio
Mientras cierta posición idealista sugiere que las sociedades son morales (privilegian valores superiores a los materiales) otra más terrenal sostiene que son movidas por cuestiones puramente crematísticas.La primera posición estará más dispuesta a aceptar, por ejemplo, que los ciudadanos penalizan a sus gobernantes en las urnas cuando éstos les mienten o cuando cometen actos de corrupción.La segunda dirá que en las elecciones los individuos miden las gestiones por el bienestar material que les reporta la coyuntura económica. "Es la economía, estúpido". Con estas cuatro palabras James Carville, el jefe de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, resumió elocuentemente lo que se pone en juego en las urnas, en las elecciones modernas.Sociólogos de renombre han advertido que la actividad económica es una instancia decisiva en el orden social. Aunque postular esto no equivale a abrir un juicio de valor. No se trata de establecer si esto está bien o está mal, o de querer que las cosas sean de otro modo, sino de constatar una tendencia sociológica de fondo.Por lo demás, quizá no esté de más aclarar que las personas juzgan de distintas maneras las situaciones de la vida. Los criterios valorativos con los que cada uno mide la realidad son producto de una amalgama de cosas.Como sea, algunos cientistas sociales sostienen que existe una íntima correlación entre las variables económicas y la intención de voto. Los más audaces postulan abiertamente una relación causal entre ambos factores.En los '90 la prensa crítica en Argentina decía que el presidente Carlos Menem ganaba las elecciones a pesar de los actos de corrupción de su gobierno, porque la gente votaba con el bolsillo.La tesis se condensó en la expresión "voto cuota", en alusión a que eran muchos los ciudadanos-consumidores que se habían endeudado en dólares para la compra financiada de bienes. El temor de que un nuevo gobierno pudiese introducir un cambio en las reglas financieras del país, haciendo que el dólar se encareciera, habría beneficiado electoralmente a Menem.Un célebre estudio académico sostiene, en tanto, que a la gente le preocupa más el desempleo que la inflación. El trabajo de 2004 esta firmado por Rafael Di Tella (argentino), Robert Mac Culloch y Andrew Oswald.Esta teoría parece darle la razón a la política económica del kirchnerismo que, según sus propios mentores, privilegia el mantenimiento del empleo por sobre el aumento de precios. La inflación, en esta estrategia, sería un mal menor frente a la perspectiva de la caída de puestos de trabajo.En diálogo con el Cronista Comercial, el politólogo Rosendo Fraga opinó: "El crecimiento y la baja del desempleo suelen ser las características básicas de lo que es definido como una buena economía en términos electorales. La regla es simple: con crecimiento y baja del desempleo se gana, y con recesión y destrucción de empleo, se pierde".Para demostrar su argumento, Fraga ejemplificó: "Alfonsín ganó la elección con esta ecuación económica a favor. En cambio en 1987 y 1989 las perdió, con una economía frenada primero y luego en recesión, y el empleo cayendo, a lo que se agregó entonces la inflación en aumento".Y añadió: "Ya en la década del noventa, Menem ganó y volvió a hacerlo en las elecciones de 1991, 1993 y 1994 -en este caso de constituyentes,- con la economía a favor".La pregunta es: ¿cómo jugará la economía en el ánimo de los ciudadanos en las elecciones de este domingo y del 27 de octubre próximo?
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