La emancipación de las audiencias
Los consumos mediáticos ya no son lo que eran en el pasado. En lugar de públicos masivos frente a ofertas centralizadas, ahora cada quien ve lo que quiere, cuando quiere y en el dispositivo que más le gusta. En los '60, cuando mucha gente impugnaba el poder de manipulación de la televisión y los medios hegemónicos, el semiólogo Umberto Eco aconsejaba la "guerrilla semiológica".En lugar de "copar" los medios -adquiriéndolos o ejerciendo algún control político sobre ellos- bajo la creencia de que de esta forma se podía dominar el mensaje, y por esta vía "educar" en forma paternalista al público, Eco proponía construir una comunicación crítica desde la instancia de la recepción.El semiólogo partía del supuesto de que la dominación mediática (que supuestamente ejercían los emisores sobre las audiencias) nunca era definitiva, ya que de última los receptores interpretaban los mensajes desde sus propios códigos y lugares existenciales."Es preciso llegar casa por casa y ocupar, en cualquier lugar del mundo, la primera silla ante cada aparato de televisión, ante cada transistor o ante cada página de periódico", exhortaba el académico italiano.Pero cabría postular que la emancipación de las audiencias no ha venido de una solución guerrillera como la imaginada por Eco, sino que ha sido provista por las tecnologías de la información del propio sistema capitalista."Audiencias chúcaras", "receptores empoderados", "telespectador activo", "recepción de autor". Esas son las expresiones que se emplean hoy para definir a los usuarios digitales de bienes culturales o mediáticos.Es decir ya no estamos en presencia de audiencias masivas controladas sino de usuarios que tienen el poder de decidir, desde los nuevos dispositivos tecnológicos, qué consumir y cuándo.Cada quien digita a gusto y piacere lo que mira, lee y escucha. He ahí la revolución operada por las computadoras, y por los dispositivos con acceso a Internet, como las tablets o los smartphones.Ya no hay canal televisivo que pueda decidir en qué días y horarios los espectadores tienen que sentarse obedientemente en el sofá. O a pedirles que se limiten a ver sin opinar, sin discutir con otros lo que se ve.Cada quien ahora se baja de la Web el programa o la serie que quiere mirar, lejos de la tiranía que imponían los "horarios de programación". Esta mutación de los consumos está estrechamente relacionada con los cambios operados por las ahora bautizadas "tecnologías de la liberación".El proceso gradual de empequeñecimiento de la pantalla ha corrido paralelo con una transferencia del poder desde la emisión hacia la recepción, según la conclusión de Diego Levis, doctor en Ciencias de la Información y docente de Flacso.Así, "pasamos del cine (una pantalla colectiva), luego al televisor (una forma de ver igual de colectiva, sólo que en un grupo más reducido), más tarde hubo un televisor para cada uno y así hasta llegar a lo más individualizado que es lo que vemos hoy: celulares, tabletas, laptops", sostuvo el académico en diálogo con La Nación."Hay, muy marcado y muy evidente, un fenómeno de recepción individual. Cada uno ve lo que quiere en el momento que quiere", apuntó, dando a entender que el consumo personal de tecnología habilita a que cada quien construya un universo mediático a su medida.El ideal libertario que alentaba Eco en la esfera de la recepción -frente a un sistema de control centralizado, propio de los medios tradicionales de comunicación-, parece haber llegado de la mano de la tecnología.
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