Editorial |

La era de la posverdad y el rebrote de sarampión

La salud pública mundial atraviesa una crisis de credibilidad, por una insistente prédica antisistema, cuyos efectos pueden ser catastróficos. El movimiento antivacunas, por ejemplo, ha disparado un rebrote del sarampión.   El acto de vacunarse, de inmunizarse, se apoya en una creencia firmemente compartida, avalada por la ciencia. Sobre esta base de credibilidad en el plano cognitivo, se asienta un pilar básico del sistema de salud. ¿Qué pasa si esa cognición fuese desacreditada, puesta en tela de juicio, debilitada por una campaña ideológica que asocia a la vacuna con un veneno? Lo más probable es que algunos padres, conquistados por esa prédica, se nieguen a vacunar a sus hijos. Pero si esto ocurre, es probable que aumenten los brotes de sarampión y otras enfermedades erradicadas en distintas partes del globo. Pues bien, eso es lo que estaría pasando a nivel mundial, provocando una lógica alarma en los responsables del sistema sanitario. Pese al rol protector que las inmunizaciones han demostrado a lo largo de la historia, la salud pública mundial tambalea ante una prédica insistente que sostiene que no hay que vacunarse para evitar introducir virus y sustancias en el cuerpo que puedan enfermar a un niño, hasta ser desencadenantes de autismo. Según los expertos, al rechazo a la inmunización se ha sumado el constante movimiento migratorio actual, que  hace que las enfermedades se propaguen. La novedad, en efecto, es la reintroducción de enfermedades graves erradicadas o en vías de erradicación como el sarampión, la tos convulsa, la rubéola, el rotavirus, entre otras, en distintos puntos del planeta, en una escalada sin fin. Ante lo delicado del cuadro, la Organización Mundial de la Salud (OMS), salió a aclarar que “la oposición a la administración de vacunas amenaza el progreso que se ha hecho para tratar las enfermedades prevenibles por inmunización”. Hace poco el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, declaró el estado de emergencia sanitaria ante el brote de sarampión en esa ciudad, principalmente en el barrio de Williamsburg, en donde algunas familias de la comunidad judía ortodoxa se han resistido a vacunar a sus hijos. La conducta de estos padres estuvo condicionada por la lectura de un panfleto llamado Cuaderno de Vacunación Segura, en el que se asegura que las vacunas contienen ADN “de cerdo, mono y rata”. Apenas fue suficiente el rumor del ADN porcino para que entre los judíos ortodoxos se generara un rechazo a la vacuna, en vista de sus creencias religiosas. La desconfianza hacia la medicina científica no es nueva. Hace tiempo se ha instalado en Occidente una corriente contracultural que se opone al modelo convencional, sospechado de ser antes que nada un gran negocio de los laboratorios. Así, las teorías de conspiración sobre ciencia y tecnología encuentran andadura en la sociedad de la posverdad, como se ha caracterizado a la actual, en la cual resulta difícil discernir qué es verdadero o falso de la data abundante que circula por Internet. El menosprecio del conocimiento científico, en temas tan sensibles como el medio ambiente, la salud, la alimentación o la geopolítica, podría ser fuente de grandes trastornos globales, algo que se echa de ver con la resistencia de tantos grupos a vacunarse. En la era de la posverdad, no es difícil que los rumores o las falacias encuentren un amplio apoyo social porque recurren a preceptos fáciles de entender, accesibles y satisfactorios, aunque contradigan hechos y evidencias.

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