Editorial |

La evolución social hacia el pluralismo religioso

El actual desarrollo histórico vuelve impracticable el monismo religioso, como se practicó en la Edad Media. Las sociedades contemporáneas ya no toleran la hegemonía de una sola Iglesia. Al menos en Occidente, que instituyó el principio de la libertad de pensamiento, se aceptan múltiples ideas religiosas, en contraste con el “exclusivismo” medieval, en que regía el dominio de una sola forma de practicar el culto a la divinidad. El verdadero pluralismo reconoce la diversidad, la diferencia, el derecho a pensar de otra manera, la alteridad. Por eso acepta que distintas religiones tengan pretensiones diferentes de verdad. En este sentido, el verdadero pluralismo religioso se opone a la imposición violenta de una religión, a una unanimidad forzada de creencias. Desde el momento en que el elemento religioso se privatizó, se convirtió en un hecho de conciencia individual, desapareciendo así su aspecto coercitivo en la esfera pública, las garantías de libertad de creencia y convivencia aumentaron. Éste fue uno de los grandes legados del pensamiento liberal en Occidente, producto de las revoluciones políticas iniciadas en el siglo XVII, las cuales consagraron el derecho de libre ejercicio de la religión. El monismo religioso tuvo legitimidad social en la época en que las comunidades humanas vivían aisladas unas de otras, en una especie de endogamia cultural. Durante muchos siglos la humanidad vivió en aislamiento, a pesar de que siempre hubo grandes migraciones y viajeros excepcionales. Pero los grupos humanos vivieron en su hábitat local determinado, con un radio de movimientos que no excedía unas pocas decenas de kilómetros. Las influencias lejanas existían, pero se daban por caminos y en formas que no se hacían tan visibles a las masas humanas en su vida ordinaria. Cabría postular que, en general, éstas vivían sumidas en un universo cultural y religioso homogéneo y estable, sin transformaciones perceptibles, experimentado como único y omnienglobante. En tal situación social era posible vivir enteramente configurado por la propia cultura, de la que normalmente la religión era la columna vertebral, su sentido profundo existencial. La religión daba a las personas la fuente principal de conocimiento existencial y de valores humanos. Las personas percibían el mundo y lo pensaban y lo sentían desde esa religión suya. La situación ha cambiado profundamente en los últimos tiempos, producto del proceso de mundialización en marcha, caracterizado por la integración de la humanidad en colectividades cada vez mayores y cada vez más interrelacionadas. El aislamiento, la homogeneidad, el desconocimiento de otros pueblos y culturas, han pasado a la historia. La pluralidad cultural y religiosa se ha hecho característica de las sociedades actuales. Cada vez más el hombre y la mujer de la actualidad están experimentando la convivencia plural. El teólogo luterano y sociólogo vienés, Peter Ludwig Berger, en una conferencia en 2007, destacó justamente que el siglo XXI se caracteriza por ser una época pluralista, en la que se combinan las distintas religiones a causa de las migraciones masivas, los viajes y, sobre todo, los medios de comunicación. Como pluralismo Berger entiende la posibilidad de diversas etnias y grupos sociales y religiosos de convivir pacíficamente y, sobre todo, interactuando socialmente. Sin interacción social, afirma, no hay pluralismo.

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