La exclusión social: Una deuda pendiente
Por Mario César Giordán OpiniónAbordar la problemática de la exclusión social de la infancia en la sociedad argentina difiere mucho de las otras sociedades latinoamericanas, entre las que sobresale Brasil, donde se refleja la dramática realidad de los niños y niñas de la calle. En ese país hay una incontable cantidad de ellos que hacen de la calle su modo de vida: allí son arrojados desde niños, allí viven y muchos delinquen, y allí mismo muchos mueren...El hecho de diferir de las demás sociedades no nos exime de la responsabilidad que le cabe a nuestro país de la exclusión de miles de niños y niñas que hoy deambulan por las calles en búsqueda "de una moneda", o de lo que es peor, "algo para comer".En nuestra ciudad no es tan notoria la presencia de niños y niñas en situación de mendicidad callejera, pero sí de un inmenso número de ellos que se privados de derechos humanos fundamentales, como son vivienda digna (llámense ahora "asentamientos precarios"), educación de calidad y de inclusión, alimentación esencial para el desarrollo integral de la persona, desde el momento de su nacimiento y durante los primeros años de vida.Los comedores comunitarios y de instituciones benéficas, como también los escolares, realizan ingentes esfuerzos para paliar las necesidades básicas, pero no son suficientes por la falta de políticas de estado serias y continuadas. Las partidas (el gobierno entrerriano mantiene los mismos montos del año 2009, aún sabiendo la dramática inflación que nos aqueja) son siempre escasas y la mayoría de ellas llegan a destiempo.Los procesos de transformación de la producción y de "reforma del Estado" que se sucedieron en nuestro país en las últimas décadas, considerados "imprescindibles" para lograr mayor competitividad, han incidido en forma negativa sobre la población de menores recursos haciendo más notable las desigualdades sociales. La infancia y la adolescencia han sido los más perjudicados.En muchas provincias, especialmente del norte y noroeste, la exclusión de la escuela y la inclusión en el mundo del trabajo y de la mendicidad han generado condiciones de escandalosa degradación personal y social de miles de niños y adolescentes, que al no ser contenidos social ni familiarmente, son arrastrados al hurto, robo, prostitución, tráficos diversos, favoreciendo la desaparición, muchas veces forzada, de cientos de niños y adolescentes, cuyos paraderos hasta el presente son desconocidos o "ignorados".El avance de las instituciones democráticas, desde la recuperación del Estado de Derecho hace más de veinticinco años, han sido incapaces de revertir el deterioro económico por el impacto de la "globalización económica" sobre el funcionamiento de las políticas públicas.Mucho se ha hablado en los últimos años de "derechos humanos" y mucho más se continúa hablando, pero la definitiva inclusión de nuestra infancia y adolescencia en una comunidad más justa, equitativa, democrática y responsable sigue siendo una DEUDA de la sociedad en su conjunto, pero por sobre todo de los sucesivos gobiernos que no han sabido (¿o no han querido?) hacer realidad los verdaderos DERECHOS HUMANOS tan claramente anunciados en la Declaración Universal y en la Declaración de los Derechos del Niño.La exclusión social en un país tan rico como la argentina es un verdadero escándalo que clama a Dios por justicia... * [email protected]
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