La explotación en los talleres clandestinos
'La Salada', la feria informal más grande de América Latina, ha vuelto a ser noticia a causa de las denuncias sobre la presencia de talleres clandestinos, donde se sobreexplota el trabajo humano. De esos talleres con personal esclavizado salen los productos falsificados que abastecen a más de 525 ferias en 111 ciudades del país, según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).Se calcula que por cada puesto de venta en estas ferias informales hay varios talleristas trabajando en condiciones infrahumanas, muchos de ellos inmigrantes provenientes de los países limítrofes (Bolivia y Paraguay).Recientemente el juez de Garantías de Lomas de Zamora, Gabriel Vitali, ordenó un megaoperativo de desalojo en el mercado situado en ese partido bonaerense.Así 10.000 puestos de venta fueron demolidos por estar en infracción dentro de la feria, es decir por actuar en forma "paralela" a la propia Salada, cuyo administrador es Jorge Castillo.Castillo, que resaltó que en La Salada hay "unas 40.000 bocas de expendio", sostuvo que los puestos desalojados "son parte de la parte ilegal" del predio, y que no tienen nada que ver con la administración privada del lugar.En medio de la polémica por este operativo, el titular de la ONG 'La Alameda', Gustavo Vera, denunció que los 10.000 puestos desalojados "tienen su base en casi 50.000 talleres clandestinos en Villa Celina, barrio Olimpo, Burzaco y Capital Federal, con trata de personas, trabajo esclavo, droga, contrabando y prostitución, que hacen de este complejo un reino de la ilegalidad difícil de frenar".Para Vera, con el operativo de desalojo decretado por la justicia, "lo único que han hecho es agarrar al sector más vulnerable para apañar a otro sector".Y argumentó: "Le han sacado la competencia desleal a los señores Jorge Castillo (administrador de 'La Salada') y Antequera, que tienen todo en forma absolutamente irregular".La presencia de talleres clandestinos muestra el lado sombrío de la economía informal. En ese contexto el fabricante textil clandestino, liberado de toda estructura impositiva o de trabajo formal, practica la explotación laboral.Muchas mujeres inmigrantes quedan atrapadas en este circuito, sin documentos ni dinero en los talleres, y en algunos casos, son sometidas a las peores degradaciones por los talleristas que las contratan.Algunas de estas historias recalan en la justicia. De los expedientes se desprende una metodología recurrente: transporte de las víctimas desde Bolivia, el engaño, la coerción al trabajo, la amenaza, muchas veces violencia, la reducción a la servidumbre y la trata de personas, siempre con el mismo escenario: el taller de confección.Hay estudios que indican que el 78% de la ropa que se produce en el país se hace con trabajadores fuera del sistema legal. La industria establecida participa del negocio.En una época las marcas de ropa tenían sus propios talleres en los que ejercían todo el proceso productivo, hasta llevarla a los locales de venta.Pero ahora en muchos casos, para bajar los costos, derivan esos trabajos a otros talleres para confeccionar los cortes, ingresando la producción a territorio sórdido e ilegal, donde domina la explotación del trabajo humano.En los talleres clandestinos, donde se violentan garantías fundamentales de las personas, se practica una nueva forma de esclavitud humana.
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