Editorial |

La familia, unidad básica de la sociedad

Cada 15 de mayo se celebra el Día Mundial de la Familia, conmemoración que refleja la importancia conferida a la institución humana más antigua. Esta fecha fue instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en Septiembre de 1993, para enfatizar la importancia de la familia como núcleo central de la sociedad. También con el propósito de promover la adopción de medidas adecuadas para ayudar a cada familia a asegurar el bienestar y la dignidad de todos sus miembros. Los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, las  escuelas, los grupos religiosos y las personas en general pueden aprovechar este día para promover una mayor comprensión de este grupo social primario por excelencia. En efecto, es allí donde la persona, desde su nacimiento, vive y desarrolla las experiencias y habilidades que le servirán como base para la vida. Se trata de un espacio humano caracterizado por relaciones consanguíneas y de afectividad que facilitan el desarrollo de las personas que lo conforman. La familia es una institución que se justifica porque cubre necesidades vitales que hacen a la preservación de la especie y a la socialización de los individuos. En este sentido, tiene a cargo el cuidado y protección de sus miembros. Este grupo es responsable de satisfacer las necesidades esenciales vinculadas a la reproducción, la alimentación, la crianza, la salud, y en general todo lo que contribuye al bienestar de sus miembros. La familia, que constituye la institución humana más antigua, es una unidad flexible que se adapta a las condiciones de vida de un lugar y un tiempo dados. En el escenario contemporáneo, la familia está cambiando con una velocidad acelerada, acomodándose a la presión social que caracteriza al actual período histórico. La mayoría de los sociólogos coincide en que esta institución no es la de antes. El esquema de papá y mamá (casados) y sus hijos está desapareciendo, y en su lugar crece un formato múltiple. De esta manera hoy se asiste a la emergencia de un nuevo formato: la familia posmoderna, marcada por la creciente inestabilidad de los vínculos, la disminución de cantidad de hijos por cada pareja, la resistencia generalizada a formalizar las uniones, la convivencia bajo el mismo techo de hijos de diferentes relaciones y muchas veces de distintas generaciones. Por otro lado, aumenta constantemente el número de personas que viven solas por decisión propia. Muchos jóvenes orientan su vida de esa manera. El sociólogo y catedrático español Emilio Lamo de Espinosa sostiene que la tendencia de fondo de la ultramodernidad es la progresiva transición de una sociedad de familias a una sociedad de individuos. Pero en su opinión esta tendencia a la eliminación familiar no es saludable desde el punto de vista sociológico. Es decir, en términos de estabilidad política, social, económica y psicológica. Según Lamo de Espinosa la familia es la única institución en la que no funciona el principio de reciprocidad (propio del mercantilismo), ya que es un ámbito donde se da todo sin esperar nada a cambio. “Es pues, un rara avis en un mundo fuertemente mercantilizado. Y por tanto es fundamental para todos los que tienen poco que dar”, refiere. Por otro lado, los individuos sin familias están menos protegidos frente a la desgracia. Sociedades que sufren crisis de distinta índole muestran que las familias reaccionan cobijando en su seno a los miembros en riesgo, convirtiéndose en su escudo protector.  

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