La fascinación que ejerce el lado oscuro
¿Qué conexión existe entre el éxito de Halloween, el turismo "oscuro" a enclaves donde hubo devastación o el interés renovado que por el nazismo? ¿Acaso la maldad es popular?La industria cultural hace un negocio extraordinario con Halloween, donde el mal y lo demoníaco es exaltado. Esta fascinación por el "lado oscuro" refuerza el llamado "género de terror" en el cine, de altísimo consumo popular.Durante el mes de octubre las pantallas de TV alrededor del mundo han amplificado la festividad que, según los historiadores, proviene de una celebración de cosecha de los celtas, llamada "Samhain" cuyo objetivo era dar culto a los muertos.Al parecer el público "disfruta" o encuentra placer con las historias de brujas, fantasmas y cosas relacionados con la maldad del trasmundo. De alguna manera satisface, así, la necesidad de sensaciones fuertes.Desde hace algunas décadas, la industria del cine encontró una veta comercial en productos donde el demonio, el anticristo o los espíritus malignos son protagonistas. "El Exorcista", "Demian", "El bebé de Rosmary", "Poltergeis"", "Carrie", son algunos de ellos.El cine no haría sino reproducir la clásica narrativa de horror sobrenatural de la literatura. La novela de terror es un subgénero dentro de la novela y su principal característica es el cultivo del miedo.Distintas mitologías tienen como contenido al vampiro, al hombre lobo, al monstruo natural, a la bruja, al fantasma, al demonio, al zombie, entre otras figuras sobrenaturales.Este tipo de experiencia tocaría una cuerda sórdida del ser humano y se diría que algo parecido explota el llamado "turismo oscuro", que se ha puesto de moda en todo el mundo.Chernóbil, por ejemplo, se anuncia con esta frase: "Visite el lugar del peor desastre medioambiental de la historia. Turismo ecológico extremo". Un apetecible programa para un sábado por la noche.También en el este, en Letonia, el penal de Karosta, en desuso desde 1997, se anuncia así: "Única prisión militar de toda Europa abierta a los turistas. Una cárcel de la que nadie nunca logró escapar. Se la considera aún más impresionante que la de Alcatraz en Estados Unidos".El turismo de "desolación" hace de un lugar donde haya sucedido una catástrofe un polo de atracción para un público que se siente atraído por el horror o donde hay aroma a sacrificio humano.Ambroise Tézenas recorre y fotografía estos lugares un tanto "oscuros", cada vez más turísticos. Pero él mismo se hace preguntas sobre esta tendencia."¿Y si, bajo el pretexto del deber de la memoria, no nos hallásemos simplemente en presencia de un mercado de la barbarie humana?" se inquiere, tras plantearse sobre "el reclamo exacerbado de lo macabro, que se oculta tras la coartada cultural, ética".A todo esto, Jacinto Antón, columnista del diario 'El País' (España), al plantearse por qué razón hay un boom literario sobre la experiencia del nazismo, sugiere la hipótesis de que "la curiosidad por lo perverso" es la clave que explicaría este interés.Sostiene al respecto: "El principal motivo que nos lleva a interesarnos por el nazismo, sin duda, es la fascinación por el mal. Los nazis lo encarnan como no lo ha hecho nadie. Ha habido por supuesto otros grandes criminales en la historia -individuales y colectivos- pero la conjunción que ofrece el nazismo de gran galería de mentes perversas y escala de sus maldades es única".El interés por la maldad, por otro lado, acaso sugiere que en el hombre subsiste una tendencia hacia el misterio y el más allá.
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