La feminización, una tendencia de la época
En un contexto en el cual ninguna representación de la sociedad convence demasiado, emerge la hipótesis de que en el siglo XXI prima en Occidente una lógica, una ética y una estética femeninas. Ya el pensador francés Jean Baudrillard había decretado el fin de la sociología, al señalar que sus esquemas conceptuales (pueblo, clase, proletariado, relaciones de producción) se habían vuelto obsoletos, porque ya no representaban nada ni tenían un equivalente en la realidad.La observación nacía ante la impotencia de la teoría social para dar cuenta de los cambios que se venían operando en el último tramo del siglo XX, y que se englobó bajo la equívoca noción de "posmodernidad".¿Qué atributos, predicados y características posee la sociedad contemporánea? Los teóricos de la ciencia del hombre compiten entre ellos para encontrar la metáfora que mejor describa el fenómeno.El sociólogo Zygmunt Bauman creó por ejemplo el concepto de "modernidad líquida" en contraposición a la "modernidad sólida", que era más seguro y estable.Desaparecida la solidez, se impone lo líquido como metáfora de lo inasible, lo incierto, lo indeterminado. La antropología, en tanto, ha instalado con fuerza la retórica de la "hibridación" o "mestizaje".Es una versión que suele presentar al actual ciclo histórico como un proceso multidimensional y heterogéneo, donde las mezclas han socavado las identidades colectivas.Los contactos e intercambios, en un contexto de globalización de las comunicaciones, han licuado el sistema de pensamiento esencialista, con énfasis en entidades fijas y homogéneas, por otro de sincretismo cultural.Otra metáfora que viene ganando fuerza es la "feminización" de la sociedad contemporánea occidental. Y se basa en el inédito protagonismo de la mujer en el quehacer humano, lo que habría instalado un nuevo sistema de valores.El historiador inglés Eric Hobsbawm ha escrito, por ejemplo, que la gran revolución cultural del siglo XX ha estado ligada a la emancipación femenina. El cambio estructural no se dio en la economía (como profetizó Carlos Marx) sino en la relación entre hombre y mujeres.La entrada masiva de la mujer en el mercado laboral y la extraordinaria expansión de su escolarización en todos los niveles configuran el telón de fondo de un cambio que, según los teóricos de la feminización, todavía no ha sido dimensionado con justeza.Todo el fenómeno de la superestructura cultural habría sido colonizado por la mujer. De este modo se ha dejado atrás un modelo centrando en la masculinidad con estos elementos: fuerza, dominación, obediencia, trabajo duro, posesividad, biología.El modelo femenino triunfante, en tanto, trae consigo estos caracteres: sensibilidad, relación, reciprocidad, libertad, espontaneidad, calidad de vida, compartir, emociones, espiritualidad.La académica chilena Sonia Aravena Derpich habla de los nuevos valores que ayudó a construir la mujer. "Hay una lógica, una ética y una estética irrefutablemente femeninas que se abren campo cada día que pasa", proclama.La era masculina (que estaríamos dejando atrás) se habría caracterizado por la división, el conflicto y el enfrentamiento. La era femenina, en cambio, es presentada como una nueva espiritualidad que viene a reconciliar los opuestos, inspirando una cultura de época cuya nota distintiva es lo intuitivo y lo emocional.
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