La genealogía, una vía de acceso a la historia local
La propuesta del Grupo Itén de escribir historias de familias que hayan hecho un aporte a la sociedad nativa, es una oportunidad valiosa para ensanchar la autoconciencia histórica.La iniciativa se inscribe en el marco del concurso anual monográfico que organiza esa entidad. La movida, como se sabe, apunta a abrir el juego de la historia a los "aficionados" al pasado, que no necesariamente tienen formación académica.En la línea de la microhistoria -si se puede llamar así a un relato que haga eje en la cotidianidad, con más interés por las personas y grupos en entornos domésticos- se invita a explorar este año el árbol genealógico de las familias.Pero el tema incluye toda clase de grupos familiares, no necesariamente a los más conocidos o con renombre. Pero cuyo retrato ofrezca algunas claves para entender el pasado grupal.Según las condiciones del concurso, no es necesario que todos los miembros residan o hayan residido en Gualeguaychú. Se informa que puede ser el caso de un gualeguaychuense cuya familia se haya desarrollado en varios lugares pero que se alguna forma haya influido la cultura local.Muchos de nosotros conocemos a nuestros antepasados y parientes gracias a que hemos trazado un árbol genealógico. Hemos hecho, así, una representación gráfica, de forma sistemática y organizada, de la historia de nuestra familia.La imagen evocadora del árbol, como símbolo de la familia, es pertinente: un ser vivo que crece, con raíz, tronco (la primera generación de la familia), ramas de las que van naciendo otras ramas (la segunda generación y sucesivas) y una savia común que alimenta todo.Un árbol genealógico puede contener todos los datos de todas las generaciones de una familia. Ser ascendente (sólo con los datos de nuestros antepasados, hasta llegar a nosotros), o descendentes (con los datos a partir de nosotros, de nuestros hijos y nietos).El método genealógico es una técnica reconocida entre los etnógrafos que estudiaron las sociedades no industriales, en comunidades pequeñas donde la gente vive y trabaja todos los días con sus parientes.En esos grupos los vínculos de parentescos son la clave de la vida social. Los antropólogos clasifican estas sociedades como basadas en el parentesco. Todos están emparentados y eso determina un modo de relación que es fundamental en la vida cotidiana.En este contexto, los antropólogos nos han ensañado el valor que tienen los matrimonios en la organización de las sociedades. Se sabe que los casamientos estratégicos generan en muchos casos alianzas políticas.El enfoque no pierde su valor gnoseológico en la actualidad, toda vez que la familia sigue siendo la base de la sociedad, más allá de que su formato haya variado por efecto de la evolución cultural.Susana de Domínguez Soler, una experta en genealogía que dictó una capacitación estos días en la ciudad, en el Instituto Sedes Sapientiae, habló con este diario sobre la importancia de saber el origen del apellido y la procedencia de los antepasados."Yo siempre digo que uno no nace de una lechuga. Uno tiene, para bien o para mal, un origen familiar. Y esto no es algo menor. Porque aspectos de nuestra personalidad, o la manera en que actuamos, están condicionados por una herencia, o alguna carga que está más allá de nosotros mismos".Hay un ADN familiar en sentido genealógico. "Cuando vamos al médico por una dolencia, éste suele hacer preguntas sobre si alguien de nuestra familia tenía tal o cual patología. Es decir, la genealogía es genética también", destacó la especialista.
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