La geografía política muta con la historia
Han caído grandes ciudades y civilizaciones a lo largo de la historia. ¿Por qué no pensar que los países, tal cual los conocemos, desaparecerán o serán absorbidos por otras entidades? Atenas fue la ciudad principal del mundo antiguo. Tuvo su edad de oro, pero como todas las construcciones humanas en un momento dejo de ser influyente, perdiendo su hegemonía.Roma también conoció un ciclo de apogeo y ruina. Se creía que el dominio de los romanos sería eterno. Pero el imperio más vasto de la Antigüedad terminó cayendo, como otras civilizaciones políticas.Ahora mismo el mundo asiste a una era de separatismo que amenaza con reconfigurar la geografía política de la globalización. El Parlamento de Cataluña, por caso, acaba de dar un paso hacia la creación de un Estado independiente de España.Los conflictos separatistas de este tipo sacuden por estos días a la Unión Europea. Escocia, por caso, viene amenazando con salirse de la Gran Bretaña. El nacionalismo flamenco reivindica la independencia frente a Bélgica.En Italia es cada vez más fuerte la presión autonomista de la rica región del Véneto. Los Estados-nación de Europa son jaqueados por movimientos identitarios en Francia, Alemania, Finlandia, Dinamarca, Hungría, Estonia, Austria y Croacia.Estos sentimientos separatistas se mantenían solapados mientras Europa era próspera y vivía en paz. Pero la bonanza económica desapareció y muchos ciudadanos creen que lo mejor es romper con sus Estados.El sentimiento independentista, en muchos casos xenófobo, se alimenta de la crisis vinculada a la ola de inmigración que sacude a Europa. La fragmentación política y la tensión nacionalista están a flor de piel ante el temor que despierta el "enemigo" musulmán.La disolución de la Unión Soviética, en 1991, dejó al descubierto la precariedad de las construcciones estatales y el mito que envuelve a las fronteras políticas. La desintegración de esta estructura -que también se creía eterna- culminó con la independencia de quince repúblicas.Cada vez son más las regiones ricas, en distintos lugares del globo, que se están rebelando contra gobiernos federales, a los que les cuesta mantener la unidad estatal.Los teóricos de la globalización vienen insistiendo que los Estados pierden cada vez más su identidad y su poder como tales. Su soberanía declina ante el fenómeno de la internacionalización del capital que se declara "sin patria, sin Dios y sin bandera".Manuel Castells, profesor del CSIC, autor de "La sociedad red", teoriza: "Sometido a tremendas presiones contradictorias, desde arriba y desde abajo, el Estado nación, tal y como se constituyó en Europa en los últimos tres siglos, exportándose luego al resto del mundo, ha entrado en una crisis profunda".Y agrega: "Crisis de operatividad: ya no funciona. Y crisis de legitimidad: cada vez menos gente se siente representada en él y mucha menos gente aún está dispuesta a morir por una bandera nacional, de ahí el rechazo generalizado al servicio militar".La historia de la humanidad enseña que ninguna construcción social y política se eterniza. Estas invenciones, finalmente, no soportan el paso del tiempo.El Estado-nación, basado en la soberanía de instituciones políticas sobre un territorio y en la ciudadanía definida por esas instituciones, y que en el continente americano se fraguó en el siglo XIX ¿entró acaso en su declive?
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

