La glotonería del fisco no tiene límites
Un sesgo del Estado argentino -en todas sus jurisdicciones- es que sus gastos aumentan siempre más de prisa que sus recursos. Lo que lo lleva, casi compulsivamente, a una presión impositiva intolerable.Hace poco se conoció que 1 de cada 3 pesos generados en la producción y en los servicios fue el año pasado, por la vía de los impuestos, al Estado. Se trata, según los economistas, de un récord histórico.Los ingresos impositivos vienen creciendo en forma sostenida desde 2001: subieron del 20,94% al 32,05% del PBI en 2009. El gasto estatal, en tanto, fue creciendo a un ritmo mayor que los ingresos.Todo indica que esta lógica de expansión estatal -tanto por la vía de los impuestos como por la del gasto- se sostiene mientras la economía produce renta suficiente y los contribuyentes, por tanto, la toleran.Pero llega un momento en que esta ecuación feliz empieza a crujir. Es cuando la economía se retrae y la gente, con bolsillos más flacos, empieza a percibir las garras de la voracidad fiscal.El Estado, entonces, se encuentra con que gasta mucho más de lo que gana, traicionado por su propia lógica glotona. La experiencia histórica en la Argentina revela qué ocurre en estos casos.Como el fisco no quiere modificar sus estructuras para gastar menos, necesita, por tanto, apropiarse de lo ajeno para volver a equilibrar su economía.Los mecanismos para esa expropiación son diversos. La presión fiscal abusiva es uno de ellos, el llamado "impuesto inflacionario" es otro, y ni hablar de las devaluaciones o las confiscaciones de los ahorros.Ahora bien, la presión fiscal no necesariamente es pareja. Decir que 1 de cada 3 pesos que se ganan van al Estado argentino, no significa que todos pongan en igual proporción.El 41% de los ingresos públicos totales proviene de impuestos al consumo, cuya estrella es el IVA. En contrapartida, los ingresos basados en impuestos a la propiedad o a las Ganancias son reducidos en relación a lo que se tributa en países desarrollados.Un ejemplo de impuesto al consumo se ve en los combustibles, la mitad de cuyo precio de venta va a parar al Estado. Así, entre IVA, Ingresos Brutos, Impuesto a la Transferencia de Combustibles y la tasa hídrica, las naftas acumulan 45% de gravámenes.Ergo: el tanque de nafta está lleno de impuestos. Durante 2009 el gobierno recaudó 11.593 millones gracias a los surtidores, un 19% más que en 2008. Para el fisco, la ventaja de gravar los combustibles es que se trata de una vía de rápida y fácil recaudación.La Argentina, en tanto, tiene un estado sojero, aunque su gobierno despotrique contra el campo y los chacareros. Le saca el máximo jugo fiscal al 'yuyito' presidencial, cobrando altas retenciones (derechos de exportación).Este año habrá cosecha récord de soja. Se proyecta en 52,5 millones de toneladas. Lo que equivale a un negocio total de 18.659 millones de dólares. ¿Con cuánto de esa torta se queda el Estado?Según un trabajo de Confederaciones Rurales Argentina (CRA), el Estado recaudará 8.056 millones de dólares, con lo que se alzará con el 43,16% de la torta sojera.Resulta que el productor sojero, que es el que genera esa plusvalía a su riesgo, sólo se quedará con el 10,5% del negocio. Viendo estos porcentuales, cualquiera diría que en el campo se trabaja para el Estado.Las retenciones tienen la misma lógica que el IVA: no contemplan la capacidad contributiva. Así como el Estado espera al contribuyente en la caja del supermercado y le cobra el mismo IVA al multimillonario que al villero, espera al exportador en el puerto y le cobra la misma retención al pool de siembra que al pequeño chacarero.
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