La gobernabilidad es aún el gran dilema
El estallido de Villa Soldati y otras usurpaciones de predios en el territorio han reinstalado la imagen de una Argentina propensa a la anarquía. Incluso la teoría de la desestabilización, insinuada por el gobierno, alimenta esa impresión.El éxito de cualquier régimen político estriba sobre todo en la obediencia de los gobernados. Se diría que es el desafío de toda jefatura: conseguir la adhesión de los dirigidos.Villa Soldati fue una muestra ante todo de fracaso político. Allí hubo masas incapaces de dejarse dirigir en ningún sentido. Esta indocilidad política, esta especie de estado de rebelión de los de abajo, no es nueva.El Estado es el lugar donde se debería articular este poder social que hace posible que exista autoridad. Es un artefacto inventado por la civilización para garantizar el orden público.El dato histórico es que el Estado argentino aún no ha logrado consolidarse, ante los estallidos recurrentes de la anarquía. De ahí que la "acción directa" por fuera de la legalidad tenga tanto predicamento entre nosotros.Cuando el gobierno de Cristina Kirchner insinúa que la movida de las tomas de predios está "apadrinada" por sectores desestabilizantes, está reconociendo que la gobernabilidad peligra, y esto más allá de la veracidad de esa imputación.Mientras esto ocurre un grupo de políticos de la oposición, de distintas extracciones, acaban de firman un "Acuerdo de Gobernabilidad y Políticas Públicas" que trascienda los períodos presidenciales.Entre los participantes de ese acuerdo hay varios aspirantes a suceder a Cristina Kirchner en 2011: los radicales Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz; el líder del Pro, Mauricio Macri, y los peronistas disidentes Felipe Solá y Eduardo Duhalde.Entre los firmantes estuvo Rodolfo Terragno, quien hace tiempo viene pregonando la necesidad de un pacto político que asegure gobernabilidad a la Argentina, cuya historia contemporánea ha estado signada por insurrecciones y golpes militares.En un artículo reciente, al graficar la idea central, Terragno comentó lo que le dijo un dirigente peronista: "La gente cree, con razón, que el radicalismo no sabe gobernar y el peronismo no deja gobernar. Debemos prepararnos, unos y otros, para demostrar lo contrario. Si no, la democracia argentina no tiene destino".Este pacto por la gobernabilidad postula que ganar una elección no da derechos absolutos, en tanto que la oposición se abstendrá de obstruir en forma maliciosa.El dispositivo parece ir dirigido a disciplinar a la propia clase política, que al parecer le gusta coquetear, cuando le conviene, con el caos. Como se sabe, los que tienen el resorte del Estado sólo aspiran a preservar su poder, en tanto que los otros aspiran a desalojarlos, utilizando llegado el caso las malas artes.Difícil es dar con la clave de la gobernabilidad de estos años, si se la puede llamar de esa manera. Alguna vez Juan Bautista Alberdi reprochó a Sarmiento no entender el porqué del poder de Rosas sobre el territorio argentino (gobernadores y gente)."Sarmiento ignora que la suma del poder público con que Rosas gobernó no procedía de la ley ni del plebiscito que la confirmó, sino de la suma del tesoro argentino concentrado en Buenos Aires. Cree, asimismo, que Quiroga gobernaba por el terror. No. Por el apoyo de Buenos Aires, es decir el poder real que Buenos Aires retiene con los recursos de la Nación. Cree que Rosas dominaba por el terror y por el caballo. Puerilidades. Dominaba por la riqueza, en la que reside el poder", escribió el ideólogo de la Constitución de 1853.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ÉSTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

