La gran oportunidad que abren los orgánicos
La cultura ecológica está llegando al consumo de alimentos, y esto es una tendencia mundial. Hay una clientela que apetece productos orgánicos y está dispuesta a pagar más dinero por ellos.La producción industrial de alimentos ha logrado abaratar los productos, pero a costa de rebajarles propiedades naturales o introduciéndoles sustancias dañinas.Al menos en Estados Unidos y Europa el consumidor ha tomado conciencia de que no todo lo que hay en el mercado de la alimentación es bueno. Comprende que cuanto ingiere tiene que ver estrechamente con su salud.De aquí que han nacido los "orgánicos", en cuya producción no intervienen alteraciones genéticas, fertilizantes, herbicidas o pesticidas químicos, así como tampoco en los suelos donde son cultivados.No sólo se habla de vegetales y frutas. Por ejemplo, ¿a qué llamaríamos leche orgánica? Pues a la que sale de aquella vaca alimentada 100% con granos que no hayan sido tratados genéticamente ni fertilizados sus suelos.Pocos países como Argentina están en condiciones de satisfacer este exigente mercado. Sin embargo se sabe que el país, en la actual división internacional del trabajo, ha devenido en un proveedor de forraje a gran escala.La agricultura industrial ha avanzado desde que la soja transgénica comenzó a comercializarse en los '90. El transgénico, según el diccionario de la web, es un producto vegetal que ha sido manipulado genéticamente con el objeto de mejorar su rendimiento productivo y, por tanto, la rentabilidad de su explotación.Y se aclara: "Aún se desconocen los efectos que estas alteraciones genéticas podrían provocar en otras especies, entre ellas la humana". La impresionante escalada mundial en el precio de los granos transgénicos (sobre todo soja) obedece al crecimiento económico de China e India.Dicho crecimiento ha hecho aparece una nueva "clase media" mundial que come más, sobre todo carne. A su vez, esto hace necesario importar mayores cantidades de alimento para animales, fabricado a base de soja y maíz transgénico.Fuera de este circuito de la agricultura industrial -cuyos bienes están sospechados de no ser sanos- está creciendo un mercado mundial de productos orgánicos.Argentina se perfila como uno de los principales productores. En estas pampas el negocio crece a un ritmo del 10% anual e involucra a unas 2.000 pymes que poseen una certificación especial para producir.El 98% de la producción argentina se exporta y se consideran que se está frente a un mercado potencial mundial enorme. Según datos del sector, si en el año 2000 las exportaciones de orgánicos rondaban los 50 millones de dólares, en 2010 se llegó a un valor de 180 millones.Los productos orgánicos exportables históricos son los cereales y oleaginosas (trigo pan y soja), frutas, hortalizas, y productos elaborados (miel, azúcar y vinos).También tienen gran potencial las conservas orgánicas de frutas y vegetales, productos farináceos, aceites refinados para consumo humano, harinas de cereales y oleaginosas, lácteos y otros productos de origen animal.A eso se suman vinos orgánicos, lanas, algodones, flores con fines gastronómicos, tés de todo tipo, papillas para bebés, arroz, hasta llegar inclusive a líneas de cosméticos.Según el último informe del Senasa, del 2010, Entre Ríos figura como una de las provincias con inmejorables condiciones para explotar el nicho de los orgánicos.Sin embargo, allí se dice que ha venido decreciendo este tipo de producción, siendo superada por otras provincias. Aquí, en suelo entrerriano, tallan el arroz, la miel y algunos productos orgánicos de origen animal.La productora apícola Laura Follonier, de la cooperativa de trabajo "El Espinal", destacó hace poco que "la miel orgánica es rentable y su valor de exportación vale un 30 por ciento más que la miel convencional".Aunque aclaró que hay pocos campos libres de agroquímicos en la provincia donde se puedan ubicar las colmenas para producir este producto.
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