Editorial |

La gran telaraña electrónica que cambió nuestras vidas

Hoy se celebra en todo el mundo el Día de Internet, esa gigantesca “telaraña electrónica” de computadoras enlazadas alrededor del globo, a la que está conectada la mitad de la población mundial.   Pocos avances tecnológicos han impactado tanto en nuestras vidas como Internet que, al igual que muchos inventos vinculados a la comunicación, nació como una necesidad militar. La transmisión de información segura entre las computadoras de las fuerzas armadas estadounidenses fue un objetivo investigado desde los años ‘50, en plena Guerra Fría. Los trabajos de investigación de la Advanced Research Projects Agency (ARPA), financiados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, posibilitaron la creación de Arpanet (1972), una red interuniversitaria que constituye el antecedente inmediato de Internet (también conocida como la Red). El emprendimiento se desarrolló masivamente a partir de 1989 cuando los científicos del laboratorio de investigación nuclear CERN, cerca de Ginebra, desarrollaron la World Wide Web. No obstante, la palabra internet fue acuñada antes, en 1974, por el profesor Vint Cerf de la Universidad de California para designar la interconexión de computadoras. A través de Internet los usuarios pueden obtener en cualquier lugar del mundo las informaciones que se requieran sobre miles de temas distintos. La red tiene la capacidad de proporcionar información sobre todo lo imaginable. No hace falta más que apretar unas teclas del ordenador e inmediatamente la pantalla presenta el “menú” de posibilidades de información. Se compara hoy a Internet con la Revolución Industrial, acontecimiento que nació en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, con la irrupción de la máquina de vapor, y que transformó radicalmente el mundo social. Actualmente la humanidad, en efecto, está asistiendo a un cambio parecido a partir de la revolución de las redes e Internet. Y está causando una “disrupción” -una interrupción súbita del orden existente- de tal magnitud que vuelve rápidamente obsoleto todo lo que se venía haciendo hasta acá, circunstancia que genera lógica incertidumbre. Esta tecnología ha abierto en los últimos años horizontes inimaginables al desarrollo científico, a la educación, a la literatura, al trabajo, al crecimiento económico, a los negocios, al intercambio de información, a las comunicaciones y, por cierto, a la política. Internet ha modificado no solamente los lugares e instrumentos de trabajo sino además el modo de trabajar. Ha flexibilizado los horarios y jornadas de laborales, se ha constituido en el símbolo de la “sociedad del conocimiento”, y cada vez se le encuentran nuevos usos y utilidades. La red ha dado la posibilidad a miles de personas en todo el mundo de comunicar sus ideas y provocar cambios en sus sociedades. Es por esto que Naciones Unidas ha declarado el acceso a ella como un “derecho humano”. Al respecto, dentro de la historia de la civilización, este invento tiene ganado un capítulo especial equivalente al de la imprenta nacida en el siglo XV por obra de Gutenberg. Así como cinco siglos atrás la imprenta tuvo impacto drástico sobre la historia, haciendo que se difundiera el libro impreso y con él el pensamiento libre, hoy Internet es visto como una tecnología que inauguró una nueva era, la llamada era digital, que ha venido a modificar nuestro modo de ver y pensar el mundo.

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