La hipótesis de la guerra no querida
¿Qué llevó a la Junta Militar argentina a ocupar las islas Malvinas, el 2 de abril de 1982? Una hipótesis historiográfica sugiere que Leopoldo Fortunato Galtieri nunca imaginó la reacción inglesa.Desde 1980 los militares, encaramados en el poder tras el golpe de 1976, andaban buscando una salida política al régimen, acosado por la crisis económica interna, y la adversa opinión internacional.Pesaban cada vez más los reclamos por los derechos humanos, que la Dictadura intentaba minimizar tachándolos de "campaña antiargentina". En esa respuesta ya se dibujaba el uso posterior de un recurso al que suelen apelar los gobiernos autoritarios en problemas: el chauvinismo nacionalista.En efecto, la recuperación de las islas Malvinas, que la diplomacia argentina viene reclamando a Inglaterra desde 1833, apareció de pronto como una salida al atolladero.Concentrar las hostilidades en un enemigo externo -explotando el patriotismo vernáculo- y una acción militar exitosa harían ganar, de un golpe, la cuestionada legitimidad de un régimen ante una sociedad visiblemente disconforme.¿Acaso los militares argentinos pensaron que ganarían una guerra contra Inglaterra? Más allá de los actos de heroísmo de los soldados argentinos, la tremebunda impericia que demostraron los estrategas, y la no equivalencia de las fuerzas en disputa (de lo cual da cuenta el Informe Rattenbach), vuelven más angustiante ese interrogante.Pero no, lo que falló fue el cálculo político que animó el desembarco en las islas aquel 2 de abril, que al principio pareció darle la razón a la Junta Militar, ya que la ocupación argentina se logró con escasa resistencia británica.Esa es la hipótesis que suscriben muchos analistas del episodio bélico. Como el historiador Luis Alberto Romero, para quien Galtieri (que tenía delirios de grandeza) se creyó su propio relato, el cual ignoraba datos elementales de la política internacional.Quedó fascinado, dice Romero, por esta idea atractiva: "Luego del golpe de mano, que presentaba pocas dificultades, se contaba con el apoyo norteamericano y la reluctante reacción de Gran Bretaña, que finalmente admitiría la ocupación, a cambio de todas las concesiones y compensaciones necesarias. En ninguna de las hipótesis entraba la posibilidad de una guerra".De modo que la reacción inglesa, que supuso la reconquista militar de las islas, resultó inesperada para los miembros de la Junta que gobernaba la Argentina. Ante el hecho consumado, no pudieron entonces retroceder porque la sociedad argentina vivía en éxtasis patriótico.Esta versión de los hechos coincide con el testimonio posterior del general norteamericano Alexander Haig, quien negoció en esa época con Galtieri un cese de hostilidades."La Junta -Galtieri me lo dijo- nunca creyó que los británicos darían pelea. Él creía que Occidente se había corrompido, que los británicos no tenían Dios, que Estados Unidos se había corrompido (...) Nunca lo pude convencer de que los británicos no sólo iban a pelear, sino que además iban a ganar" (declaraciones ante el diario La Nación, agosto de 1997).El general Mario Benjamín Menéndez, que fue nombrado por entonces gobernador militar de Malvinas, y quien negoció luego la rendición, tras 74 días de control argentino sobre las islas, entrevistado por el periodista Alberto Amato para Clarín en 2002, ratificó la hipótesis de la guerra no querida."Le diría que nos encontramos envueltos en una guerra que Argentina no había buscado, que no había previsto. Se llevó a cabo un acto militar que debía motivar una negociación política. Lamentablemente los supuestos no se dieron", confió el militar.
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