La hipótesis de que la gente vota statu quo
¿Qué denominador común se puede extraer de las elecciones de Capital, Santa Fe y ahora Córdoba? Por lo pronto que un sector importante del electorado está votando oficialismo.Si es así, y en virtud de la hipótesis de que la mayoría de los argentinos prefiere lo establecido, el actual estado de cosas, cabría esperar también que Cristina Fernández de Kirchner sea reelecta en octubre próximo.Toda conjetura de este tipo se presta a controversia, porque coexisten distintos pronósticos sobre el comportamiento del electorado. Aparte del hecho de que algunas lecturas con pretensiones hegemónicas no son inocentes.La psicología social enseña que instalar con fuerza en la opinión pública un prejuicio (juicio previo) puede dar muchos réditos al instalador. Ya que a la larga, tras internalizarse en las personas, hace que éstas actúen según esa creencia.Este tipo de situaciones se denomina "profecía autocumplida": de tanto esperar y creer en algo, se terminan dando en la realidad. Como sea, fuera de todo deseo partidista, es dable abordar con ánimo imparcial el fenómeno social.En este sentido, entre las posibles hipótesis explicativas del comportamiento electoral de las últimas semanas en Argentina, en distintos distritos geográficos, emerge nítidamente la de que la gente, al menos la mayoría, prefiere lo que hay.El actual alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, obtuvo una victoria resonante en las urnas. En Santa Fe, la mayoría del electorado ratificó en el gobierno al Frente Progresista, en tanto que en Córdoba el triunfo de José Manual de la Sota implicó un premio al oficialismo.Lo que se observa, en suma, es una tendencia conservadora en la conducción política. Y si uno proyecta esta lógica electoral para las elecciones presidenciales, debería inferir que el kirchnerismo nacional, en tanto oficialismo, ganará también en octubre próximo.Ahora bien, aceptando esta vía interpretativa del proceso electoral en Argentina, cabría preguntarse por qué la gente está votando mayoritariamente statu quo, en lugar de favorecer el cambio político.A primera vista, se podría decir que los argentinos están conformes con el presente, y este conformismo lo expresan apoyando los oficialismos, sin importar las características distritales.La bonanza económica que viene experimentando el país en la última década -más allá del debate sobre si se debe al contexto externo o a la genialidad del gobierno de turno- estaría detrás de esta tendencia de la población a apoyar en las urnas a los partidos del poder.¿Acaso los argentinos votan con el bolsillo? Sí, y no es la primera vez. Es bueno recordar que Carlos Menem -que hoy manda a votar por Cristina Kirchner, dicho sea de paso- fue invencible en las elecciones mientras la convertibilidad pudo generar una sensación de bienestar en la población.Paralelamente, la historia argentina reciente demuestra palmariamente que fueron los factores económicos, aunque en este caso negativos, los que produjeron cambios políticos sustanciales en los gobiernos.Fue la hiperinflación la que derrumbó el proyecto alfonsinista, y la recesión la que condicionó, una década después, la salida anticipada del gobierno de Fernando de la Rúa.Por otro lado, los cientistas sociales suelen relacionar los ciclos económicos con los procesos políticos. Es posible conjeturar, así, que la mejora en la situación económica de los individuos manifiesta una correlación positiva con el voto a representantes del oficialismo.La hipótesis del statu quo, una entre tantas, explicaría de esta manera el comportamiento electoral argentino.
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