La idea de futuro es la que más se cotiza
Ha llamado la atención la insistencia del Papa Francisco, en su contacto con los jóvenes en Brasil, respecto a que hay un futuro a la vista. ¿Es que acaso la actual generación está privada de la promesa de un mañana mejor?"Quisiera repetirles a todos ustedes: no se dejen robar la esperanza", exhortó el pontífice, a la vez que llamó a mirar con confianza el tiempo histórico."La travesía es larga y fatigosa, pero miren adelante, hay un futuro cierto, que se sitúa en una perspectiva diversa de las propuestas ilusorias de los ídolos del mundo, pero que da un impulso y una fuerza nueva para vivir cada día", señaló.El hombre no puede vivir sin futuro, como no puede vivir sin el sueño cotidiano. ¿Somos sin embargo una generación que ha perdido imágenes de porvenir como poder de atracción e impulso vital?En nuestra especie se verifica una pulsión ancestral a organizar la vida en torno a un sentido que esté más allá. Sin utopías, se suele decir, no se puede imaginar la condición humana.Porque ante la falta de horizonte existencial, ante la ausencia de un ideal venidero, se pierde el sentido, la dirección imprescindible.Cuando eso pasa cunde la desesperación, entendida como pérdida total de esperanza. Una actitud espiritual inquietante que suele estar asociada a la creencia en un fin próximo y definitivo de la humanidad.No es casual, al respecto, que de un tiempo a esta parte ganen predicamento las profecías que evocan la idea de la hecatombe universal. El catastrofismo en el discurso sociopolítico o ecológico, por caso, está de moda.La prédica escatológica de algunas sectas religiosas alimenta cierto morbo de época que evoca la convicción de que al hombre le llegó su hora. Quienes creen en los seres extraterrestres, en tanto, anuncian su eminente intervención cósmica para salvar al homo sapiens de la autodestrucción.Cada época o ciclo histórico inventa su futuro. El hombre del medioevo creyó que el Reino de Dios podía encarnarse en la historia, y de aquí emergió el proyecto político de la "cristiandad".El hombre del Renacimiento volvió luego su mirada a la antigüedad clásica, y quiso reeditar las virtudes del mundo griego y romano. Desde entonces se fue afirmando la idea de inexorabilidad del futuro de la especie, que adquirió su paroxismo con la Revolución Francesa.La burguesía, que lideró esa revolución, cifró todas las fichas en la economía e instaló la idea de progreso incesante de la vida y de la comunidad humana, gracias a los descubrimientos de la ciencia y la tecnología.Carlos Marx, que vino a aguar la fiesta de la clase propietaria de los medios de producción, puso el futuro en el desarrollo del antagonista principal de la clase dominante: el proletariado.Es interesante cómo describe Marx, en su Manifiesto Comunista, el paso del antiguo régimen feudal católico al mundo gobernado por criterios burgueses, de neto corte económico."Todas las relaciones sociales, con su cortejo de creencias y de ideas admitidas y venerados quedan rotas (...) Todo lo que era sólido y estable es destruido, todo lo que era sagrado es profanado y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión", se lee.Cabría especular, a propósito, si hoy no estamos viviendo una época de transición donde la solidez del futuro se desmorona, con su carga de desilusión a cuestas, algo de lo cual parece haber tomado nota el Papa.
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