La ilusión o la fe en un porvenir mejor
"Lo último que se pierde es la esperanza", señala el dicho. Lo cual sugiere que el hombre, a pesar de que sus deseos suelen malograrse, nunca deja de creer en que lo que viene le sonreirá.El antropólogo Mircea Eliade dice que la sociedad arcaica estaba poseída por la nostalgia de un mítico retorno a los orígenes, a un tiempo primordial.Aunque aquí el futuro aparece como amenaza y muerte, eso no quiere decir que el hombre antiguo no creyera en un paraíso. Así, el regreso a una Edad de Oro, el mito antiguo, alimentó la imaginación por la tierra prometida.En la tradición judeocristiana, sin embargo, la esperanza está puesta en el futuro. En la Biblia se anuncia un tiempo mesiánico, la aparición de un Reino donde se conciliará Dios (el creador) y el hombre (la criatura).La cultura secular ha sacado a Dios de la escena, pero ha persistido en la fe en una ciudad puramente humana, la esperanza en una organización social sin contradicciones.Las ideologías modernas, como el positivismo científico o el comunismo, encarnaron durante mucho tiempo (sobre todo en los siglos XIX y XX) la ilusión de un futuro brillante para el género humano.Pero hoy los "grandes relatos" han entrado en crisis. Vivimos en una era de desencanto o de desilusión, a partir de la ausencia de grandes proyectos que descansen en la idea de progreso.Como ha reconocido hace poco el escritor norteamericano Paul Auster, a propósito de la caída del Muro de Berlín: "Nos guste o no el marxismo, el hecho es que le dio a la gente esperanza"Sin embargo, no está claro que el declive de los relatos de la modernidad, supongan en sí mismos el fin de la ilusión como tal, de la idea de que nos aguarda un tiempo mejor.Hay razones para pensar, al respecto, que la naturaleza humana es refractaria a la falta de proyecto o de horizonte. Se diría que la ilusión reside en la constitución psíquica del ser humano.Auster sostiene que cada cambio conseguido en la historia -como la abolición de la esclavitud- siempre ha sido la consecuencia de la lucha de miles de personas que dejaron su vida en el intento y no llegaron a ver los resultados.En "La Isla", una película de ciencia ficción distópica del año 2005, se relata la experiencia siniestra de un grupo de personas que son confinadas en una especie de bunker militar.Una extraña organización, al mantenerlas aisladas en un entorno controlado, les hace creer a esas personas que son los sobrevivientes de una supuesta catástrofe ecológica.Pero para mantenerlos con "vida", para lograr que estén motivados, y no se sientan prisioneros, les crean la esperanza de que pueden ser seleccionados algún día para ir a una isla, el único lugar del mundo que no fue contaminado.Los inventores de esta mundo paralelo eran consientes, por lo visto, de que la ilusión es un insumo básico de toda experiencia humana. Sin ella, habrán pensado, dicho mundo sucumbiría.El filósofo español Julián Marías escribió que la palabra ilusión tiene dos acepciones. Una negativa que designa algo engañoso, un sueño imposible de alcanzar, y quienes caen víctimas de este fenómeno son "ilusos".Pero también se puede hablar de ilusión, dice, como algo inseparable de la condición humana y que obedece al "carácter futurizo del hombre", a su deseo irrevocable de proyectarse hacia adelante.De ahí que cada vez que no tiene lugar lo esperado, que no se consigue lo deseado, nuevas ilusiones contrarrestan a las perdidas, nuevas expectativas nos movilizan.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

