La impactante historia de Sandra y su beba
Vino desde Paraguay con un vecino, que le prometió un trabajo. Pero a Sandra Portillo la retuvieron y le robaron a Liz Sebastiana, su hijita de meses. Todo terminó bien, pero el caso desnuda el execrable negocio de personas.Las cámaras de televisión mostraron al país el emotivo reencuentro entre madre e hija. Después de cinco meses de haber sido separadas por una red dedicada a captar chicas jóvenes con bebés recién nacidos, con la promesa de trabajo.El plan de los captores consistía en derivar a la madre a una red de prostitución, y vender a la nena. La Policía Federal, finalmente, logró rescatar a ambas, desbaratando la banda en cuestión.A Sandra le prometieron un trabajo como empleada doméstica. Pero apenas llegó acá, tres personas la llevaron a una clínica en Wilde, donde la convencieron de que Liz necesitaba una internación urgente.Allí perdió de vista a su hija, mientras que a ella la llevaron a una pieza en Ciudad Oculta, donde la retuvieron dos meses, según fuentes policiales con el propósito de meterla en el circuito de la prostitución.Pero Sandra logró escaparse y allí empezó a torcer su destino y el de su hija. Hizo la denuncia pertinente y la División Delitos contra Menores de la Federal, pudo desenredar una compleja madeja.La policía dio con la banda que se dedicaba al tráfico de bebés y operaba vía Paraguay. Se descubrió que la clínica a donde llevaron a Sandra para el supuesto control, se encargaba de emitir certificados de nacimiento truchos.El director de la clínica quedó detenido, al igual que varios intermediaros en la operación. También se detuvo a la pareja que compró a Liz Sebastiana, un matrimonio de buen pasar de la zona sur del Gran Buenos Aires, con el que se encontraba la beba.La madre, finalmente, pudo recuperar a su hija perdida. La historia es conmovedora. "Muchas veces recuperamos a chicas víctimas de trata, pero éste es el reencuentro más emotivo que me tocó en la carrera", contó el comisario Ricardo Arancedo, titular de la División Delitos contra Menores.Sandra declaró que nunca perdió la esperanza de recuperar a Liz. Dijo que fue "como haberla tenido dos veces". Y mandó un mensaje para otras mujeres: "Que se cuiden, más si tienen chicos".Aunque la esclavitud ha desaparecido legalmente -según lo establecen las constituciones y solemnes declaraciones internacionales- la historia de la mujer paraguaya y su hija revela que sigue existiendo en la prácticaLa trata de personas, efectivamente, es el rostro de la esclavitud de la época contemporánea. Se trata de un vasto comercio ilegal de personas, manejado desde las sombras por organizaciones mafiosas, en el cual se lucra con la prostitución, la venta de bebés, el tráfico de órganos, entre otras prácticas aberrantes.La esclavitud existe cuando determinados individuos son propiedad de otros. Desde el punto de vista jurídico un esclavo es una cosa, ya que no es sujeto de ningún tipo de derecho.Es decir, pertenece a un amo, que puede venderlo, regalarlo, alquilarlo o utilizarlo como desee. En épocas más antiguas estas formas estaban legitimadas culturalmente.Sandra y Liz pudieron dejar atrás un penoso drama. ¿Pero cuántas historias de este tipo no tienen un final feliz? Este caso debiera hacer reflexionar sobre el reclutamiento de mujeres pobres, con destino a la prostitución, y el repugnante tráfico de bebés.Sabemos que éste es un flagelo en expansión y que convive con nosotros. Además de las autoridades competentes -policías y jueces- creemos que cada uno de nosotros, desde su lugar, debería involucrarse para combatirlo.
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