La importancia de defender al consumidor
Desde los tiempos más lejanos ha existido la conciencia del engaño posible en toda transacción comercial. Ya la Biblia advierte que "entre el comprar y el vender se desliza el engaño". Incluso en la Edad Media la propia dedicación al comercio, sobre todo con dinero (préstamo), no era bien vista moralmente. Pero en la actualidad, con la expansión de la sociedad de consumo, el punto de vista ha cambiado.Las prácticas mercantiles son parte del engranaje de la vida moderna y un signo de progreso. No obstante, eso no ha eliminado la convicción de que el consumidor-usuario está en una situación de desventaja frente a los oferentes de productos y servicios.Existe la idea de que estos últimos, siempre más hábiles, tienen una inclinación a obtener beneficios por encima de lo que en justicia les correspondería. De ahí que la sociedad moderna sea consciente de la necesidad de proteger los derechos de los consumidores.Argentina ha emulado a los países más desarrollados en la adopción de una legislación orientada a compensar la asimetría que existe en las transacciones donde, como dijimos, el consumidor está desde el vamos en desventaja.Así, la Constitución Nacional en los artículos 42° y 43°, la Ley Nacional N°24.140 de Defensa del Consumidor, y la Ley N°22.802 de Lealtad Comercial, van en la dirección que marca la moderna legislación mundial en la materia.Últimamente, además, se han involucrado los municipios en la temática. De ahí el protagonismo que ha asumido la municipalidad de Gualeguaychú, en cuyo ámbito viene funcionando desde diciembre de 2002 una Oficina de Información al Consumidor (OMIC), hoy jerarquizada con el rango de dirección.El consumo aquí y en otras partes del mundo, por lo tanto, es uno de los ámbitos en donde se ha instalado la dinámica reivindicativa que había nacido en otras esferas de mayor relieve, relativa por ejemplo a la participación y los derechos sociopolíticos.Este auge partió de comprobar que mientras las organizaciones comerciales de todo orden han crecido en logística para estimular la venta, no progresa en igual proporción la eficacia de los consumidores en obtener el máximo de beneficio en cada una de sus decisiones de compra.La confrontación entre el marketing y al consumidor, instala la sensación de que aquel lleva permanentemente ganada la partida. Que las corporaciones empresariales cuentan con más medios para influir sobre la masa de los consumidores, mientras éstos se ven a menudo inermes frente a esa acción.Entonces, si el consumidor-comprador está en franca desventaja frente a los oferentes y productos, se impone una sociedad conciente de la necesidad de proteger derechos en un ámbito como el consumo, que configura uno de los rasgos constitutivos de la sociedad contemporánea.Los movimientos de consumidores y aquellas agencias estatales que defienden sus derechos son así una respuesta a las disfunciones, a los desequilibrios patentes en el sistema de consumo.En materia de fraudes y daños al consumidor, las prácticas comerciales abusivas son muchas. Aquellas relativas al productor, por ejemplo, involucran artículos no seguros, de baja calidad, deficiente servicio posventas y envases y etiquetados engañosos.Además están la publicidad engañosa o la que actúa como cebo. En lo que hace a precios, también hay ofertas engañosas, prácticas crediticias fraudulentas o problemas para hacer uso efectivo de la garantía.En el actual estadio histórico las decisiones de consumo son la fuente vital de una determinada cultura. Es lógico, por tanto, que la sociedad haya desarrollado estrategias para defenderse del abuso comercial.
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