La importancia de saber el lenguaje de los medios
Desde hace un tiempo se ha visto que la escuela, además de concentrarse en la lectoescritura, está impelida a enseñar también el lenguaje y la retórica de los medios de comunicación.No hay que confundir la lengua en el diario con el lenguaje del diario, dice Pedro Barcia, de la Real Academia de Letras. "El lenguaje del diario consiste en armar la página con una fotografía y un subtítulo, colocarlo junto a una columna en página par o impar y todo esto produce un impacto en el lector", explicó.La observación del académico tiene que ver con la necesidad de que la educación asuma la responsabilidad de ayudar a los alumnos a desarrollar un pensamiento crítico frente a los medios.No sólo desde la perspectiva económica, política o sociológica, sino desde el punto de vista de la operación retórica de los medios. De lo que se trata, por tanto, es de averiguar cómo hablan, qué sistema de signos y qué procedimientos gramaticales utilizan.La mecánica del lenguaje no es la misma en los medios gráficos, por ejemplo, que la que predomina en la televisión, la radio y el cine. En el medio alfabético, se sabe, el órgano principal de la comprensión es el ojo.Es el ojo en cuanto que está por encima de la hoja de papel, en cuanto que está inclinado sobre las realidades y, sobre todo, en cuanto pasa de un vocablo a otro, del detalle a lo global.En lo audiovisual, en cambio, hay un predominio del oído. Aquí las características retóricas son la inmersión, la globalidad, la receptividad, el fuerte impacto sensorial que conduce más al ensueño interior que a las ideas claras.Leer un texto es como dar saltos de un punto a otro a lo largo de una línea. Por el contrario, leer una imagen es pasar de lo global al detalle. Sobre la pantalla de televisión, no hay salto de un punto a otro, de una línea a otra: se recibe un impacto global.Son dos tipos de pensamientos. El de la lectura marca distancias, es un pensamiento de definición y de separación de las diferencias. El conocimiento audiovisual, en cambio, funciona intuitivamente, por analogía.Comprender, en suma, que la escritura alfabética no es lo mismo que la escritura audiovisual, se ha convertido en un desafío educativo. Porque los chicos que concurren a nuestros colegios provienen justamente del mundo audiovisual.A menos que la escuela se cierre en sí misma, y siga creyendo en la hegemonía del discurso escrito, que se generalizó tras el invento y la difusión de la imprenta (siglo XV), no puede dejar de asumir críticamente la lógica del lenguaje audiovisual y más recientemente el idioma de la informática."Si queremos salvarnos de morir ahogados por los medios que nosotros mismos hemos creado, primero debemos observarlos y luego entenderlos", nos aconsejó el canadiense Marshall McLuhan.Autor de la famosa frase "el medio es el mensaje", fue él quien exhortó a darle más importancia a los medios, a sus modos y a los contextos en que se desenvuelven, que a los contenidos y a la información que emiten.Estaba convencido que es la técnica (los medios, las herramientas tecnológicas, etc.) la que provoca los cambios sociales y mentales (y por ende, culturales). Las personas creamos una tecnología y ella nos modifica, repetía McLuhan.Acaso esta visión de fondo peque de determinista, pero tiene la virtud de recordarnos que los medios de comunicación, con sus lenguajes y gramáticas específicos, agitan irresistiblemente la totalidad de la cultura.Quien se interese por ella -como la institución escolar- no puede obviar la importancia del aprendizaje de la retórica mediática.
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