La importancia de una dieta sana
Somos lo que comemos, según la vieja concepción hipocrática. El patrón de la alimentación, en efecto, está en la base la salud corporal.Estamos frente a una premisa tan antigua como olvidada, si se piensa que vivimos en una civilización cuya industria produce alimentos con elementos nocivos para el organismo.Los documentos de la medicina empírica se remontan a la Grecia del siglo IV a.C. En su afán por encontrar una pauta de conducta ética, en orden a la obtención de una vida feliz, los griegos tenían claro que con respecto al físico la clave residía en una dieta sana.Se atribuye a Hipócrates de Cos, considerado el padre de la medicina, esta impactante frase: "Deja que la comida sea tu medicina y la medicina, tu comida".En un texto griego antiguo, perteneciente a la escuela hipocrática, se sostiene que el problema no estriba en lo que el hombre es de por sí, sino en "lo que es en relación con lo que come y bebe y a cómo vive y a los efectos que todo esto produce en él".Werner Jaeger, un exegeta del mundo helénico, afirma que en la Antigüedad los médicos eran más médicos de sanos que de enfermos. Esta parte de la medicina se resume bajo el nombre de higiene. Y los cuidados de la higiene versan sobre la "dieta"."Los griegos entienden por dieta no sólo la reglamentación de los alimentos del enfermo, sino todo el régimen de vida del hombre y especialmente el orden de los alimentos y de los esfuerzos impuestos al organismo", afirma el intérprete.Desde este punto de vista, se entiende la importancia que tiene en nuestra salud cuanto ingerimos. Sobre todo para intervenir no cuando se ha declarado la enfermedad, sino mucho antes.Nuestra civilización, tan avanzada en tantos aspectos, muestra signos de involución respecto del viejo concepto de la dieta. Existe, efectivamente, la presunción de que lo que se come es de baja calidad y que se come más de la cuenta, es decir en exceso.En Estados Unidos, campeón de la moderna industria alimenticia, varias de las causas de muerte más comunes- enfermedades del corazón, cáncer, trombosis, infartos, apoplejía y diabetes- están directamente relacionadas con la manera en que se come.En Argentina no nos va mejor. Los estudios demuestras que la población nativa consume proteínas en exceso. Aquí la dieta típica se sustenta fundamentalmente en grandes ingestas de carne vacuna de alto contenido graso, pollo, pan, harinas sumamente refinadas, fiambres, embutidos y bebidas azucaradas.La contraparte es que consume pocas hortalizas, frutas, legumbres, leche y derivados de cereales de buena calidad nutricional. Lo llamativo es que esta brecha no obedece a un problema de abastecimiento, a la luz de lo que es capaz de producir la geografía argentina.Eso dice un grupo de profesionales del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea), en un trabajo titulado "Comer saludable y exportar seguridad alimentaria al mundo", del año 2014."La Argentina dispone de los fundamentos necesarios para ser competitiva, no sólo en producir alimentos, sino en desarrollar las bases de una nutrición saludable para nuestra población y para un mundo demandante de alimentos", explicó el nutricionista Sergio Britos, uno de los autores del trabajo.Allí se dice que a causa de los malos hábitos alimentarios los argentinos consolidamos un cuadro obesogénico y de enfermedades crónicas (como diabetes, hipertensión y cardiopatías, entre otras), algo que ya se manifiesta en la niñez.
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