La impronta de los primeros pobladores
La fundación de Gualeguaychú no fue en el estilo convencional, ya que en estos parajes no hubo que importar la población. Lo que hizo Tomás de Rocamora, en realidad, fue organizar la vida de un vecindario que ya existía.Lo que hizo el militar nicaragüense, aquel 18 de octubre de 1783, formó parte de una estrategia tendiente a incrementar la presencia del Estado colonial en la región.La fundación de la villa local, junto con las de Gualeguay y Arroyo de la China, obedecía a una decisión de la administración borbónica de defender la frontera hispánica, frente a la amenaza lusitana, a través de la organización humana del espacio en el sur entrerriano.Pero el dato histórico es que esta zona ya estaba habitada con población blanca, más allá de la presencia aborigen en el territorio. El proceso de colonización hispano-criolla en esta zona se había iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII.Los campos fértiles, las aguadas y el clima benévolo, eran condiciones propicias para el asentamiento de los pobladores, sobre todo de aquellos que perseguían mejor suerte.Tres corrientes pobladoras llegaron a este medio geográfico luego de la campaña que exterminó al aborigen, alrededor de 1750. Arribaron desde la Bajada del Paraná, Yapeyú (Misiones) y Buenos Aires."Aunque llegan prácticamente a un mismo tiempo, sus componentes difieren en cuanto a: número, características sociales y finalidades que motivaron su radicación", se lee en el libro "De Gualeguaychú y su historia", escrito en 1983.Allí se cuenta que el flujo poblacional proveniente de Misiones aportó familias de origen guaraní convertidas al catolicismo. Esta corriente se intensificó a partir de la expulsión de los jesuitas en 1767.En cuanto a los pobladores que arribaron desde la Bajada del Paraná y Santa Fe, se trató de un aporte humano abundante, aunque de limitados recursos económicos. Buscaban establecerse para trabajar explotando el monte y por eso se situaron a la orilla de ríos y arroyos.Con la tercera corriente migratoria vinieron los futuros terratenientes. En efecto, aunque menor en número, estaba formada por hombres de fortuna y buenas relaciones con el gobierno virreinal.Gracias a su posición económica, este grupo adquirió grandes cantidades de tierra a muy bajo precio. Y aunque algunos las mantuvieron improductivas, otros se dedicaron a la explotación de cal, de conchilla de los ríos y al desarrollo pecuario.Según cuentan los historiadores, esta procedencia poblacional disímil sería foco de conflicto en torno, sobre todo, a los litigios por la posesión de la tierra.Primero el obispo Sebastián Malvar y Pintos y luego el propio Tomás de Rocamora se encontraron con el mismo problema: una convivencia alterada por el choque de intereses entre latifundistas y labradores.Como sea, es posible rastrear en estos pobladores una marca idiosincrática que se transmitió a los guleguaychuenses: el engrandecimiento por el propio esfuerzo.Eso piensa el historiador local Gustavo Rivas, quien resalta el hecho de que los habitantes que estaban dispersos en esta geografía, antes de la llegada de Rocamora, debían sobrevivir en la plena orfandad, librados a la buena de Dios, lejos de la protección de la corona española.En ese núcleo poblacional originario ya latía un rasgo societario consistente en arreglárselas por las suyas. "Desde el origen, el medio en que vivían y la forma de vida, fue determinando el modo de ser y las características de los gualeguaychuenses", sostiene Rivas.
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