La indiferencia, ¿un mal de época?
La pasividad, la apatía, la indolencia ante lo que ocurre, el vivir optimizando las ventajas sin pensar más allá de las narices. ¿Es la indiferencia, acaso, el rasgo más saliente del actual tiempo histórico? Es el problema mayor de la sociedad argentina, según cree el sociólogo Eduardo Fidanza. La indiferencia al delito público se deja ver, dice, en una reciente encuesta.Allí se habla de que el 43% de la población está dispuesta a transgredir la ley, y otro 9% a considerarlo, si cree que tiene razón. A lo que se adjunta el hecho de que la decencia no es un valor relevante a la hora de votar.En estas pampas mientras la economía marcha más o menos bien, a los gobiernos se les perdona todo. "Roban, pero hacen", es una frase popular que revela elocuentemente que la corrupción no sacude al electorado, más preocupado por su bienestar material.Disfrutar de las minucias del consumo, medir las cosas por el bolsillo, sin importar la marcha de los asuntos públicos, o haciendo la vista gorda ante el sufrimiento de los compatriotas que la pasan mal, es una actitud básica de buena parte de la población argentina.Ocuparse sólo de los asuntos de uno, interesarse por la propia quinta, no por el conjunto; pensar en términos privados antes que públicos; es una coartada para no hacerse cargo.Pero la indolencia ante la suerte del otro es un defecto que atraviesa la sociedad mundial. Eso piensa por ejemplo el Papa Francisco, a propósito del drama de los que sufren el desamparo, la miseria y la injusticia social."La cultura del bienestar nos ha hecho insensibles a los gritos de los otros. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto, del 'sufrir con', la globalización de la indiferencia nos sacó la capacidad de llorar", ha dicho el pontífice.Pensadores y escritores de diversa procedencia y época han visto en esta actitud una de las razones del triunfo del mal. "Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos", llegó a decir el pastor Martin Luther King, activista por los derechos civiles y la no violencia en Estados Unidos."El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia", dijo por su lado William Shakespeare, el mejor dramaturgo de la lengua inglesa.Elie Wiesel, escritor húngaro de nacionalidad rumana superviviente de los campos de concentración nazis, sostuvo a su vez: "Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es la herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte".Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, redactó en 1917, cuando tenía 26 años, un notable artículo sobre el tema. "Odio a los indiferentes -escribió-. Creo que 'vivir significa tomar partido'. No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad".Para Gramsci, "la indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. (...) La indiferencia es el peso muerto de la historia. (...) Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunas personas quieren que eso ocurra, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja hacer" Y añade: "Algunos lloriquean compasivamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: Si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas, ¿habría ocurrido lo que pasó?".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

