La industria petrolera sobrevive a vaticinios
El agotamiento de las reservas de crudo, según el pronóstico aceptado, pondría fin al sistema capitalista petrolero. Sin embargo la industria parece haber encontrado en el esquisto el modo de sobreponerse. Nada de la economía capitalista actual es posible sin el uso de energía. Y cerca del 85% de la energía que se consume mundialmente proviene de hidrocarburos fósiles en sus variantes petróleo y gas natural.Desde hace algún tiempo se ha instalado con fuerza la teoría de que la humanidad asiste al fin de la era del petróleo, porque el recurso sobreexplotado ha encontrado su límiteLos hidrocarburos fósiles, por tanto, están en vías de extinción. Y por extensión, dado que la máquina económica no puede funcionar sin energía, idéntica suerte tendrá el capitalismo.Los críticos del sistema, en efecto, encuentran en esta conjetura el argumento para vaticinar su derrumbe, y el comienzo de una nueva era. ¡El capitalismo caerá -se entusiasman- por falta de combustible!Además, el cambio climático acelera los tiempos. Más activistas presionan para que se adopten combustibles alternativos (más baratos y limpios) que detengan el creciente nivel de dióxido de carbono en la atmósfera, causante de la degradación ecológica global.Pero la industria petrolera -probablemente la más odiada por muchas personas en el mundo, ya que para ellas simboliza lo peor del "capitalismo salvaje"- se resiste a desaparecer, y desafía por estos días las predicciones sobre el ocaso del petróleo.De repente el mercado de los hidrocarburos entró en auge de producción y los magnates del sector, dueños de multinacionales poderosas, se mueven como si las reservas mundiales de combustibles fósiles no se fueran a acabar nunca.De hecho el exceso en la oferta -combinado con una menor demanda desde China- ha hecho desplomar el precio del crudo. Si en junio pasado el barril valía 115 dólares, hoy oscila entre los 70 u 80 dólares.¿Qué cambió? Una innovación en la tecnología para yacimientos, que la teoría del fin del petróleo no anticipó. Las empresas energéticas combinaron la fracturación hidráulica (fracking) y la perforación horizontal para extraer petróleo de densas formaciones rocosas (esquistos) en Estados Unidos y Canadá.Los voceros de la industria retrucan que no es cierto que el negocio esté limitado por la cantidad de petróleo en el suelo. Que a lo sumo las restricciones que se enfrentan son tecnológicas y económicas.Sostienen que quienes postulan el ocaso del petróleo han subestimado la capacidad de innovación de la industria. Recuerdan que en el pasado también se dijo que la producción había llegado a un techo. Pero entonces las innovaciones impulsaron un auge de las perforaciones en aguas profundas.Pero este nuevo ícono del negocio energético mundial, o sea al gas y el petróleo derivados de la explotación de los esquistos (rocas que contienen petróleo, y que se extrae triturándolas), suma rechazos por sus riesgos ecológicos.Por ejemplo la desarrollada Alemania, que decidió abandonar la energía nuclear para la generación de electricidad, acaba de aprobar una moratoria para frenar por 8 años los proyectos de shale gas.En Argentina, buena parte de la esperanza de recuperar el autoabastecimiento energético pasa por explotar, vía fracking, el superyacimiento de gas y petróleo no convencionales (shale gas y shale oil) de Vaca Muerta -Neuquén-, con el concurso de la multinacional estadounidense Chevron.
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