La inflación domina la discusión económica
El alza de precios se ha convertido en la Argentina en un fenómeno persistente. El gobierno, que hasta aquí negaba de plano el fenómeno, parece cambiar su discurso.El giro se insinúa en el tema del Indec. De defender unas estadísticas que negaban una inflación superior al 24% anual, ahora se reconoce que ese organismo no es confiable.Es más: se le ha pedido al FMI, nada menos, "asistencia técnica" para confeccionar el índice (como si en el país no hubiese materia gris para esa tarea).Tras los desopilantes dichos del ministro de Economía, Amado Boudou, que llegó a sostener que la suba de precios afectaba a la clase media-alta, ahora el mismo gobierno se impulsa un "pacto social" para evitar una escalada de precios.Oficialmente al fenómeno no se lo quiere llamar todavía por su nombre. La presidenta sólo habla de "tensión" de precios. Aunque ese vocero no oficioso del gobierno que es Hugo Moyano no tiene empacho en decir la maldita palabreja.En las últimas horas admitió ante periodistas que "lo que más afecta es la inflación que se puede descontrolar". Los gremios, como es lógico, pretenden preservar el "poder adquisitivo" de sus afiliados.La patronal, a su vez, teme que la demanda salarial se pase de la raya. El gobierno ha instado a las dos partes para que acuerden dentro de un marco de racionalidad.¿Cuál es el temor? Un alza indebida de salarios, como dicta la experiencia, da origen a subas de precios que provoca la famosa espiral: suba de salarios-suba de precios-suba de salarios.Donde no hay acuerdo es en el origen de la inflación. El gobierno y Moyano ya han encontrado un culpable: "los formadores de precios". O lo que es mejor: la angurria de los empresarios.Sin embargo, están los que piensan que es la emisión monetaria del gobierno la causa del trastorno. Y esto porque el Banco Central, como compra dólares, emite pesos y al haber tantos pesos, sin aumento simétrico de la producción, los precios se elevan.El razonamiento sería el siguiente. La inflación supone un desequilibrio entre la producción de bienes y la emisión monetaria. Cuando se emite una cantidad mayor de moneda que los bienes producidos en un período determinado, se dice que se trata de moneda sin respaldo.Esta situación lleva a una suba de precios, un fenómeno que persistirá hasta que no se renuevan sus causas monetarias. La manera de que no exista inflación, según esta óptica, es que la producción de bienes y la emisión monetaria mantengan el mismo nivel.En cambio, si la producción de mercancías es menor que la emisión se produciría el efecto contrario: deflación. Este fenómeno padeció la economía Argentina cuando, durante la convertibilidad, hubo fuga de divisas.La caja de conversión -como la que rigió en los '90- emite billetes que están siempre respaldados por una moneda o divisa extranjera y que son convertibles a esa divisa a una tasa de cambio fija.De acuerdo a este esquema, la oferta de dinero solo puede incrementarse si se incrementan las reservas. Si estas últimas caen, como pasó en el último tramo de la convertibilidad argentina, el circulante cae, produciendo así deflación (esta situación originó la aparición de las llamadas "cuasimonedas", especie de emisión paralela a la caja de conversión).Para muchos analistas, hoy la Argentina tiene el mal inverso: hay expansión monetaria. Al margen de este debate, todo el mundo se pregunta si la inflación argentina es controlable o si se está frente a un fenómeno sin freno.Difícil hacer un pronóstico en un país imprevisible.El tiempo dirá.
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