Opinion |

La inflación, ese fantasma recurrente que nos deja desnudos

Volvimos al principio. Somos como los perros que dan vuelta para echarse siempre en el mismo lugar. Es la inflación mi amigo. Lo fue antes, hace poco, ahora y lo será en el futuro. Es un mal que nos persigue y mire que probaron de todo. Algunos hasta fraguaron las estadísticas y los actuales dijeron que era lo más fácil de resolver.   Jorge Barroetaveña     Es el impuesto más perverso. Porque los que tienen la misma plata en el bolsillo todos los meses, la van perdiendo de a pedacitos. Le pasa a cualquier trabajador, un jubilado o un changarín. Y no todos tienen sindicatos para que los defiendan. A la hora de los diagnósticos todos los economistas inteligentes que tenemos nunca le pegaron. Algunos fueron ortodoxos, otros optaron por caminos distintos pero todos terminaron con los mismos resultados. Quizás la convertibilidad que terminó en estallido fue la que más estabilidad aportó. En la década pasada, cuando empezaron a escasear los dólares se vino el cepo y reapareció la maquinita de hacer billetes para mantener la estantería. En campaña Macri repitió hasta el cansancio que era conciente de la inflación pero que era lo más fácil de controlar. Le pifió feo porque hoy tenemos los niveles de inflación del 2002, la peor época postconvertibilidad y cuando gobernaba un tal Fernando De la Rúa. La historia ya la conocemos. El shock ortodoxo que están aplicando redunda en caída del PBI y en una recesión económica galopante. Traducido en términos populares: disminución del poder adquisitivo, lo que significa que los salarios pierden ante la inflación. Es el ajuste muchachos. Claro que lo que nunca se debate en demasía es quién lo paga. ¿La culpa de lo que hoy pasa la tienen los jubilados? ¿La clase media? ¿Los pobres? ¿El tipo que sale todos los días a ganarse la vida haciendo changas? Esta vez parece que los jueces no se van a salvar. Es insólito que todavía no paguen impuesto a las ganancias como cualquier hijo de vecino. Quizás no todos somos iguales ante la ley. La política, ¿se ajustará algún día? Los Parlamentos, con su carga de cargos inútiles, asesores y ñoquis, ¿darán el ejemplo algún día o sólo se maquillarán de vez en cuando para disimular los curros? La propia Justicia con sus sueldos estratosféricos en comparación a cualquier otra repartición del estado. ¿Dará el ejemplo alguna vez? ¿U optará por seguir mirando para el otro lado, haciéndose la distraída? ¿Seguiremos consintiendo y aceptando que el estado actúe como una agencia de colocaciones? ¿O que los mismos que hoy se quejan no les importa de dónde sale la plata que cobran o quién la pone? La única idea brillante de la dirigencia política es aumentar los impuestos. No perdonaron campaña prometiendo que los iban a bajar. ¿Qué pasó? Todo lo contrario. Ahora se han puesto de acuerdo (en lo único que lo hacen) para volver a aumentar Bienes Personales. Otro manotazo para financiar el déficit del estado. Siguen exprimiendo una naranja que ya no tiene ni los pelechos. Los impuestos caen en catarata desde la Nación, se suman las provincias y los municipios le dan el remate. Es tan asfixiante la carga que hay que gente que ya ni siquiera sabe lo que está pagando. Invito a hacer un ejercicio sobre las boletas del gas o la luz, servicios básicos indispensables.  No sólo la carga impositiva que tienen esas boletas, tampoco se sabe bien lo que estamos pagando, a cuándo o a qué período pertenece. Son un jeroglífico para mucha gente. Los que se dedican a producir enfrentan un combo explosivo. Altos impuestos, nulo financiamiento, y caída del consumo. Es el peor escenario para los que generan riqueza. El invierno económico se extenderá varios meses, afirman los más optimistas. En una carrera de autos,  algunos llegan primeros y otros últimos, pero no pasa demasiado. En esta, mucha gente se juega el pellejo y su propio futuro y el de sus hijos. Aunque algunos no parecen ser concientes. La crisis profunda de la Argentina no sólo es económica, es moral. Los discursos están llenos de intenciones pero vacíos de ideas. Desbordan honestidad pero chorrean por los bolsillos. Esa mezcla de incapacidad para el manejo de los dineros públicos y el robo descarado nos han llevado a este punto. La panorámica dirigencial está más cerca de Freddy Krueger que de Mahatma Ghandi. El oficialismo arrastra su incapacidad para resolver la crisis, a la que sus errores nos llevaron. La oposición tiene mil caras, muchas cómplices del pasado reciente que hizo gran contribución a nuestra actualidad. Son el hambre y las ganas de comer o algo muy parecido a ello. No habrá pues grandes novedades el año que viene en la oferta electoral. Un cataclismo debería haber para que nazca algo distinto. La Argentina no es Brasil ni Estados Unidos. No hay en nuestra historia fenómenos electorales disruptivos. Ni Macri lo fue porque venía de 8 años de ser Jefe de Gobierno. Todos nuestros presidentes han tenido un camino previo, más largo o más corto, pero no han sido el reflejo de un espasmo social. Será más de lo mismo. Lo que disminuye nuestras esperanzas. Pero nos abrazamos a la frase de Duhalde, aquella de “los argentinos estamos condenados al éxito”. El tema es que no dijo cuándo nos llegará esa condena. Si es éxito no lo sabemos pero tiene pinta de ser eterna.

Dejá tu comentario