La inflación mental y la carestía de la vida
Los economistas coinciden en que la inflación, que se expresa en la suba generalizada de precios, es un fenómeno multicausal, en el cual no debe despreciarse el factor psicológico. La "economía del comportamiento", como rama del conocimiento, ha socavado el supuesto de que los seres humanos siempre actúan de manera racional y no se equivocan cuando gestionan su propio interés.La 'teoría de la mano invisible' de Adam Smith alimentó esa imagen unilateral del "homo economicus", al sentar la tesis de que cuando se llevan a cabo grandes cantidades de acciones egoístas y racionales, el resultado global era una sociedad más prospera.La experiencia humana demuestra que las personas no son en absoluto racionales. Son muchos los fumadores obesos que no dejan de fumar ni hacen régimen, pese al daño que se están haciendo a la salud.Abundan, por otro lado, los quebrados económicamente porque asumieron deudas que razonablemente no podían manejar. Es la gente que vive por encima de sus posibilidades -algo que puede hacerse extensivo a los países-.No debe darse por sentado, además, que las personas ahorrarán a lo largo de su vida, porque conviene a su interés asegurarse una vejez tranquila. ¿Cuántos son los que, endulzados con sus ingresos de hoy, los derrochan en consumos presentes, sin precaverse de que la bonanza puede acabar algún día?En su reciente libro "Psychonomics", el economista argentino Martín Tetaz nos viene a recordar que junto a los sucesos objetivos de la economía (demanda, emisión, impuestos), hay que hablar de confianza, miedo e incertidumbre, palabras que señalan aspectos mentales y emocionales de quienes toman decisiones económicas.La inflación, en este sentido, tiene un alto componente psicológico, en el sentido de que opera en la mente de las personas, quienes instalan un circuito sostenido peligroso, que al final agrava el mal respecto del cual se quieren proteger.Así los distintos agentes tratarán de anticiparse a la inflación aumentando los precios, en el caso de los productores, o pidiendo mayores aumentos salariales, en el caso de los trabajadores.La inflación, de esta manera, se va retroalimentando en un movimiento paradojal similar a la profecía autocumplida o autorrealizada. Este último es un término que fue creado por el sociólogo Robert Merton.Y designa una predicción que, una vez enunciada, es en sí misma la causa de que se haga realidad, y esto porque desencadena una serie de circunstancias favorables para que se cumpla.Un ejemplo típico de cómo funciona la profecía autocumplida es pronosticar la quiebra de un banco. Esto provocará una gran alarma entre sus clientes, que irán a retirar masivamente los depósitos, haciendo que la entidad financiera no le quede más remedio que declararse en bancarrota.De igual manera, si la expectativa sobre la tasa futura de inflación es alta, los agentes económicos tratarán de anticiparse a la suba de precios aumentando los suyos. La inflación mental, en ese caso, influirá sobre la real. Remarcar los precios "por las dudas", con intenciones defensivas, es lo que los economistas llaman "inflación por expectativa".Por eso muchos de ellos consideran que, si se quiere domeñar la suba de precios, una política inflacionaria debe trabajar sobre esas expectativas, convenciendo a los agentes económicos de que se está haciendo algo efectivo en ese sentido.Los agentes, por cierto, deben "creer" en la eficacia de los instrumentos para bajar la inflación. Y la credibilidad, se sabe, es un insumo de carácter psicológico.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

