La inmigración de los países vecinos
Se calcula que un 10 por ciento de la población de nuestro país nació en Bolivia, Paraguay y Perú, en el marco de un flujo inmigratorio constante que esta cambiando la composición de la sociedad nativa. Ya serían entre 3 y 4 millones los ciudadanos de esas naciones vecinas viviendo en la Argentina, según refiere un interesantísimo artículo aparecido en el diario Perfil, con la firma de Pedro Ylarri.En conjunto, peruanos, bolivianos y paraguayos, representan más de la mitad de los extranjeros viviendo en la Argentina. El dato sugiere muchas cosas.En principio que la Argentina sigue siendo un verdadero “crisol de razas y culturas”, al que ha venido aportando gente procedente de los más diversos lugares del mundo.Pero a la vez marca que el proceso de europeización del flujo inmigratorio quedó en el pasado. Y que a la luz de los nuevos contingentes latinoamericanos, hay que ajustar aquello de que “los argentinos descendemos de los barcos”.A grandes rasgos la inmigración en Argentina pasó por tres estadios. Entre 1880 y 1930 ocurrió lo que se ha llamado “la gran inmigración”, de cuño europeo, la más importante desde el punto de vista cuantitativo.Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) ese flujo se reanudó y llegaron miles de personas procedentes de los desvastados países europeos. En base a estas dos oleadas extranjeras, la mayoría de los argentinos tenemos antepasados mayoritariamente italianos o españoles, aunque no faltan los de otros países de Europa y de otros lugares.Sin embargo, en el último cuarto del siglo XX ha cambiado la composición de los inmigrantes que llegan a nuestro país. Sobre todo a partir del arribo de personas procedentes de los países vecinos, especialmente de Bolivia, Paraguay y Perú.Como nuestros bisabuelos, abuelos o padres, los nuevos inmigrantes sufren un doble impacto. El que resulta de la adaptación a usos y costumbres muy diferentes a los suyos.Y el indeseable rechazo o discriminación que sufren por parte de algunos sectores de la población nativa. Más de un tercio de las denuncias por segregación tienen su causa en esta población latinoamericana.Además, como una parte importante de esta población permanece indocumentada, es objeto de abuso. El trabajo esclavo o en negro y la falta de acceso a la salud y a la educación, son algunos rasgos de la explotación que sufre.Cuenta Ylarri que a causa de la reactivación económica desde 2003, cientos de miles de bolivianos, peruanos y paraguayos llegaron a la Argentina en busca de trabajo.“Muchos lo hicieron siguiendo los pasos de amigos y familiares, que durante los años ‘90 arribaron al país con el objetivo de hacerse de pesos-dólares para comenzar una nueva vida en su regreso”, explicó.Pero esta vez, “con el peso devaluado y las peores condiciones en sus países, los inmigrantes llegan con la idea de quedarse y por eso se organizan en barrios de la Ciudad y el Conurbano”.La crisis económica, por otra lado, esta impactando fuertemente a esta población. A parte de que muchos de ellos trabajan en la construcción, el comercio y la industria textil, donde hay caída de empleos. Esto hace que peruanos, bolivianos y paraguayos hayan reducido las remesas de dinero a las familias que dejaron atrás. La cuestión del envío de remesas de extranjeros residentes es crucial.Los giros no solo se hacen entre países limítrofes, como en este caso. Según el FMI, el dinero que recibe America Latina en concepto de remesas, por parte de nativos que viven en el exterior, “es superior a la suma de todas las inversiones directas de capital”.
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