La inseguridad llegó al campo
Los tiempos en que se dejaban las puertas y ventanas abiertas quedaron en la historia. Hoy la inseguridad y los hechos delictivos en el ámbito rural son moneda corriente.Fabián Miró El sur entrerriano, particularmente Gualeguaychú lo está sufriendo en carne propia. En pocos días se sucedieron tres hechos de características similares. Los delitos a la propiedad dejaron de ser exclusividad de las ciudades, y el campo pasó a engrosar la lista de asaltos a mano armada, tanto de día como de noche.El mapa, la geografía rural con el avance de la agricultura y la venta de campos por sucesión, ha cambiado en los últimos años. Lamentablemente, cada vez son más las taperas que apenas se ven, cubiertas por espinillos y la naturaleza que avanza. Misma suerte han corrido escuelas, mientras que otras educan con una concurrencia menor de alumnos.Es el éxodo rural que nada parece frenar. Consecuencia de esto: pocos son los chacareros que siguen viviendo tierra adentro. La mayoría, personas mayores que no quieren dejar una forma de vida y lo que tanto les costó levantar. Su casa, el galpón, alguna camioneta y unos pocos animales, además de grandes estancias y tambos que mantienen a la gente en el campo.Gente que se ha transformado en objetivo de la delincuencia que actúa aprovechando la soledad de casas y establecimientos alejados de centros urbanos. Inclusive de vecinos. Muchas veces hay que transitar kilómetros para ir desde la casa de un colono a otro, cuando antes bastaba con cruzar la alambrada y caminar unos pocos metros.Es así que en los últimos días, la familia Marchesini (dos señoras mayores de edad), una familia en la Estancia El Potrero, y en el curso de la semana un almacén en Costa Uruguay Sur (a unos 30 kilómetros de Gualeguaychú) recibieron visitas indeseables.En todos los casos el modo de operar ha sido prácticamente el mismo: asalto a mano armada, violencia y maltrato a personas de edad, mujeres y menores. Además, dejaron a sus víctimas maniatadas con un precinto. No les importó en lo más mínimo que en el caso de Marchesini, una de las señoras tenía 80 años y en el de Píccoli el hombre 70 y su esposa 67.Años atrás un señor de apellido Lenciatti, en la misma zona rural de Costa Uruguay, fue encañonado en horas de la noche por personas que taparon su cara, llevándose como botín unas pocas pertenencias del mencionado hombre que se gana la vida, trabajando duro en su pequeña chacra.Todos coinciden en que los caminos rurales son transitados una y otra vez, por personas que no son productores y que no tienen relación con el sector. Se movilizan en autos, motos, bicicletas y muchas veces a pie. Se comenta que se trata de sujetos que hacen inteligencia, observan los movimientos y luego pasan datos que serían aprovechados por quienes han perpetrado estos delitos.Inclusive según fuentes confiables, algunas personas estarían haciendo inteligencia con aquellas personas que venden hacienda o comercializan granos. Es más, productores han sido asaltados por error, pensando que habían vendido parte de su producción y que tenían una suma importante de dinero. Trabajo policialLa policía hace lo que puede. Cuenta con algunas subcomisarías en el campo, pero muy alejadas entre sí, como para cubrir un radio razonable y brindar seguridad a quienes todavía viven en la zona rural. Y en la mayoría de los casos no cuentan con un móvil adecuado para recorrer caminos que cuando llueve se tornan difíciles de transitar.Los efectivos no son los indicados en cuanto a número y preparación. Son pocos y se necesitaría una mayor cantidad de personal capacitado para que la fuerza del orden, cumpla con su cometido que es el de prevenir el delito.Los vecinos piden por nuevos destacamentos, retenes que hagan controles en distintos puntos y de esa manera identificar a quienes transitan el campo y conocen cada calle, camino alternativo, vías de escape, como pocas personas, inclusive la policía.Un ejemplo del poco personal y la estructura es la jurisdicción que abarca la Comisaría Quinta con asiento en Pueblo Belgrano. Tiene que cubrir esa localidad, el Camino de la Costa y buena parte de Colonia El Potrero, con 12 efectivos y un móvil. Mucho miedoLa palabra adecuada para reflejar lo que sienten los campesinos es temor. Hasta no hace demasiado tiempo, el ladrido de los perros en la noche alertaba sobre la presencia de animales salvajez en cercanías de una casa.Comadrejas o zorros en el gallinero, o algún cazador que pasaba cerca, pero no más que eso. O en todo caso pasaba una camioneta, un jeep y se conocía al conductor. Pero todo cambió. En la actualidad las puertas y ventanas están cerradas y muchas veces no se sabe a ciencia cierta a quien pertenece el campo del vecino que está al lado, menos de quienes circulan por la zona y con que fines.
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