La inseguridad vial empaña las vacaciones
En Entre Ríos, ya son 12 los muertos por accidentes en ruta en los primeros dieciséis días del año, lo que equivale al 10% de todos los fallecidos por este motivo en 2018.
Se trata de una estadística preocupante que revela la necesidad imperiosa de mejorar la educación vial entre los conductores, que se muestran cada vez más imprudentes a la hora de tomar el volante.
Según datos proporcionados por la Policía provincial, más del 50% de los fallecidos en estos siniestros viales eran acompañantes y 14 de las víctimas eran procedentes de Buenos Aires, 2 eran entrerrianos y 2 paraguayos.
Para tener en cuenta la magnitud de la problemática, hay que decir que estos datos de accidentes en rutas entrerrianas representan ya el 10% de los fallecidos por causas de inseguridad vial en rutas de la provincia en todo 2018, que totalizaron 161 personas.
Como sea, esta estadística está a tono que lo que ocurre en la Argentina, donde cada año ocurren alrededor de 7.200 muertes por accidentes de tránsito tanto en las rutas como en las ciudades.
El hecho de no respetar el límite de velocidad o las señales de tránsito -dos de las causas de las tragedias viale- revela que los argentinos tenemos un problema con las normas. Como si la ley no existiese para cuidarnos sino para embromarnos la vida.
En muchos casos no se cumplen las recomendaciones básicas; a saber: no consumir alcohol si se va a manejar, colocarse el cinturón de seguridad, controlar el vehículo antes de salir a la ruta, o no sobrepasar la velocidad indicada.
Pero a la estadística de muertos en accidentes de tránsito hay que sumarle el otro costo humano: los heridos de gravedad, que muchas veces mueren a los pocos días de los siniestros.
Estos decesos no siempre son registrados como víctimas de la inseguridad vial. Pero además muchas personas que salvan sus vidas en estos episodios quedan con alguna discapacidad permanente, de carácter físico o psíquico, y hasta llegan a perder sus empleos.
El tránsito también refleja la conducta agresiva de una sociedad que no puede exorcizar la violencia, convertida en un mal transversal en Argentina. Las encuestas revelan, a propósito, que los argentinos somos cada vez más agresivos al volante.
Hay estudios que muestran que mucha gente al volante insulta y gesticula cuando otro conductor lo molesta con sus maniobras. Un alto porcentaje devuelve las agresiones verbales y gestuales que recibe, o recurre a tocar bocina al conductor que lo molesta en el camino.
Está el que pega con al auto desde atrás para ejercer presión, o el que prende las luces para que le dejen paso. Otras actitudes al volante indican que no se respeta el lugar del otro ni sus derechos, y hay una intención de imponerse en la calle y en la ruta, haciendo alarde de prepotencia.
La falta de consideración hacia el otro se expresa, además, en que Argentina es uno de los pocos países en el mundo en que los peatones tienen que detenerse para darle paso a los vehículos y no al revés.
La sociedad argentina no toma nota de las muertes en rutas y calles, es decir parece no interesarle el saldo luctuoso. De hecho hay razones para suponer que se han naturalizado los accidentes trágicos, asumiéndolos como algo que tiene que ocurrir, sin ver su carácter aberrante.
En Argentina, país que ostenta uno de los índices más altos de mortalidad en ruta en el mundo, la inseguridad vial produce un verdadero genocidio que pasa desapercibido, porque ocurre hora a hora.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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