La inserción laboral de los jóvenes: dilema de la región
El modelo latinoamericano, asentado en la exportación de commodities, trajo en la última década prosperidad económica. Aunque estaría en deuda con los jóvenes, según las estadísticas.Dos circunstancia externas han beneficiado a la región: abundante liquidez global (efecto de la bajas tasas de interés) y precios elevados de las materias primas que exporta el continente, gracias a la demanda capitalista concentrada en Asia y China.El proceso viene asociado a los que se conoce como los "términos del intercambio", que consisten en la relación o la diferencia entre los precios de los productos que el país exporta y aquellos de los que importa.Los términos del intercambio favorables significan divisas que pagan deuda externa, al tiempo que facilitan el acceso a insumos, equipos y bienes imprescindibles para impulsar mejoras en la producción y en las condiciones de vida.La cotización de granos, carne, petróleo, soja, cobre, y demás, está por encima de sus valores históricos. La soja -producto estrella de exportación argentina- viene teniendo un precio desopilante (valía 120 dólares la tonelada en 2001; hoy supera la marca de 500 dólares).Elizabeth Tinoco, directora regional para las Américas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se ufana de que en estos años en la región "prevaleció el crecimiento económico y se lograron las tasas de desempleo urbano más bajas de la década".Sin embargo, señala que la juventud latinoamericana se encuentra atrapada por la desocupación y la informalidad. Y de hecho, informa, una quinta parte de ese sector no trabaja ni estudia."En nuestra región, la tasa de desempleo urbano de los jóvenes es del 14,9%, el doble de la tasa de desempleo general de 6,8%, según estimaciones de la OIT", destaca"Al mismo tiempo, 60 de cada 100 personas entre 15 y 24 años que buscan trabajo terminan con empleos informales", sostiene Tinoco, en un artículo de marzo de este año."El desaliento generado por la escasez de empleos decentes lleva a muchos jóvenes a la inactividad. Alrededor de 20% de los 106 millones de jóvenes latinoamericanos no estudian ni trabajan", explica.En su opinión, se trata de un flanco débil del modelo de desarrollo latinoamericano, asentado sobre todo en la explotación de sus recursos naturales."Estamos frente a un problema estructural. El crecimiento económico es determinante pero no suficiente", razona, al explicar la paradoja de un PBI regional vibrante coexistiendo con alta tasa de desempleo juvenil.Tinoco argumenta que a causa de la dificultad para insertarse en el mercado de trabajo, a través de empleos decentes, los jóvenes de la región posiblemente vean el futuro con pesimismo."Si la sociedad no crea empleo para los jóvenes, tienden a perder la confianza en las instituciones democráticas. Por otra parte, el progreso económico y social es insostenible si no se asume el desafío político de generar mejores oportunidades para ellos", afirma la directora regional para las Américas de la OIT.Según dijo, tiene que ser parte de la agenda del diálogo social hacer de este tema una prioridad. Dicho debate, sugiere, debe versar sobre "la educación necesaria para que se articule mejor con el mercado laboral, estimule la innovación, recalifique la mano de obra y facilite el certificado de competencia".Construir sociedades prósperas e inclusivas supone, desde luego, combatir la desocupación y la informalidad laboral de los jóvenes, en quienes descansa el porvenir.
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