La juventud frente a la voluntad de sentido
El malestar juvenil se ha convertido en un tópico de quienes analizan la marcha de la actual sociedad. Parece crecer la franja de aquellos jóvenes que viven sin saber qué hacer o para qué esforzarse.En Argentina y en otras partes del mundo se ha detectado la presencia de un segmento de adolescentes que ni estudian ni trabajan. En México se los conoce como "Generación Nini".Según el presidente de la Comisión de Pastoral Social, monseñor Casaretto, en la Argentina existen alrededor de 900.000 jóvenes que están en esa situación.Desde el punto de vista sociológico, que hace foco en las relaciones de clase y económicas, la problemática es más aguzada en los sectores populares, que sufren la falta de movilidad social.Los chicos pobres perciben que estudiar no les sirve para nada. Creen que eso no les permitiría conseguir trabajo, y una mejora de su situación material. Sostener una rutina de sacrificio no redituaría en algún futuro cercano. ¿Para qué diferir satisfacción, entonces?Sin embargo, el malestar juvenil atraviesa todas las capas sociales. También afecta a los segmentos medios y altos. La licenciada Jazmín Gulí, autora del libro "Amor Delivery: sexo y amor en la era del consumo", asegura que la solicitud de terapias para chicos de 18 a 21 años va en aumento.Según explicó al diario La Nación, los jóvenes presentan un cuadro de angustias difusas. Recalan al consultorio de los psicólogos, sin saber en quién o en qué creer, o para qué esforzarse.Una sensación de sin sentido acompaña a estos chicos, quienes tienen una nueva percepción de la vida más realista, en cuanto a lo incierta y frágil, refiere la especialista.En su opinión, el retroceso de los valores de otra época ha supuesto la pérdida de ciertas seguridades y garantías. "Se está perdiendo también el sentido, el para qué hago lo que hago si, en definitiva, nada permanece", refirió Gulí.Este diagnóstico recuerda el formulado hace tiempo por el célebre psiquiatra Víctor Frankl, para quien el problema psíquico de nuestra época procede del sinsentido de la vida.Ansiedades, complejos, depresiones, angustias, desesperanzas, aburrimiento, tedio, y otras manifestaciones de malestar psíquico, no son más que síntomas de una situación antropológica anegada en el vacío existencial."Los pacientes acuden al psiquiatra porque dudan del sentido de su vida o desesperan de poder encontrarlo", decía el afamado psiquiatra y pensador vienés.Frankl considera que la búsqueda del sentido de la vida, es una peculiaridad propia del ser humano, que lo distingue radicalmente de los animales irracionales"El cuidarse de averiguar el sentido de su existencia es lo que caracteriza justamente al ser humano en cuanto tal. No se puede ni aun imaginar un animal sometido a tal preocupación, y no es lícito degradar esta realidad que vemos en el hombre a una especia de debilidad, una enfermedad o un complejo", escribió."La frustración de la voluntad de sentido -añadió-, no es de suyo algo patológico, y está también lejos de ser enfermizo". De esta manera, Frankl sostiene que la pregunta por el sentido de la vida es expresión de madurez mental.Ahora bien, en la sociedad moderna, ligada a la carrera consumista, la única realidad primaria del hombre que no encuentra satisfacción es justamente la necesidad de sentido, diagnostica.Contra la insuficiencia de la voluntad de placer y la voluntad de poder, lo más importante, dice Frankl, es la "voluntad de sentido", cuya frustración es la causa de la neurosis moderna."Las personas tienen los medios para vivir, pero carecen de sentido por el qué vivir", nos recuerda el afamado psiquiatra.
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