La libertad de conciencia como derecho esencial
Una de las grandes conquistas espirituales de la civilización occidental es el descubrimiento de la conciencia individual, ese fuero interno donde descansa la autodeterminación humana.Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, las dos primeras acepciones para conciencia son: 1) Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. 2) Conocimiento interior del bien y del mal.Es inherente al despliegue de la conciencia el que ésta tenga libertad. Se diría que la dignidad humana requiere que el individuo actúe según una elección consciente y libre.Eso significa que debe estar movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. De aquí se deduce que la libertad de conciencia es un derecho inviolable.Es un fenómeno inicialmente interno que, cuando voluntaria o involuntariamente se exterioriza, alcanza relevancia jurídica y que exige una actitud de respeto por parte de los demás.La conciencia libre como cualidad inherente a todo individuo humano, ha sido reconocida por el Derecho (o sea, el Estado), cuya función es ordenar la vida del hombre en sociedad y procurar que cada individuo o grupo reciba lo que es justo.Por eso cada persona ha de ser y sentirse libre para practicar una religión, o mantener una opinión o actitud disidente, o sustentar una convicción de indiferencia o agnóstica o pronunciarse como ateo, o cualquier otra convicción o actitud ideológica.Así lo expresa el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a la libertad del pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia".De esta forma, la libertad de conciencia es una realidad autónoma, y más amplia que las otras libertades señaladas, ya que la conciencia es el "conjunto de imperativos personales de conducta -de raíz religiosa o no- que poseen para el individuo un rango superior a cualquier otra instancia normativa", refiere ese documento.El derecho ha buscado proteger la conciencia individual, tanto en la libertad de su fuero interno, como en las actividades que ejerce en la vida práctica, porque este atributo humano ha sido largamente mancillado.En efecto, la historia humana revela que siempre han existido seres humanos que han intentando controlar los pensamientos de otros. Desde los tiempos más remotos el hombre ha sido coaccionado contra su voluntad por los poderes de turno.La expresión moderna "lavado de cerebro" recoge este patrón de conducta consistente en manipular la mente de los otros al precio de violentar la libertad de conciencia, y por esta vía la dignidad humana.Así se designa al procedimiento para vaciar el cerebro de una persona de sus ideas y convicciones y sustituirlas por otras, como medio de dominar su pensamiento y sus lealtades.La expresión fue acuñada en 1951 por el periodista norteamericano Edward Hunter a raíz de la guerra de Corea, cuando algunos soldados estadounidenses, al retorno de su prisión en el país asiático, habían cambiado completamente su modo de pensar. Habían sido víctimas, así, de la metodología del lavado de cerebro.
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