La lógica que prima en el sistema político
Los dichos del senador Carlos Verna, formulados casi al pasar, son reveladores de una modelo de política cuya mecánica se emparenta sobre todo con el toma y daca.Por diferencias con Cristina Kirchner, que según él impuso una candidata a diputada de La Cámpora, Verna se bajó de la candidatura a gobernador de La Pampa por el Partido Justicialista.Se trata de una disputa por el armado de listas en el oficialismo. Pero lo esencial no está ahí, sino en las declaraciones que el legislador deslizó a la prensa, para justificar su enojo.Verna acusó a la presidenta de "no cumplir el acuerdo político" que habían asumido para ir juntos en octubre. Con naturalidad pasmosa dijo que tampoco cumplió con el envío de fondos que le prometió el año pasado a cambio de votar algunas leyes favorables al gobierno, como el pago de deuda con reservas.El razonamiento de quien fue gobernador de La Pampa entre 2003 y 2007, remite a un modus operandi del sistema político argentino -o mejor al vínculo que existe entre el poder central y las provincias-, el cual se parece mucho a un trueque por favores.Por lo visto, los gobernadores y los diputados y senadores destacados en el Congreso, canjean plata por leyes. Pero la duda, entonces, se impone: ¿ése es el criterio de fondo con el cual se aprueban las leyes del país? ¿Todo se subordina a un puro intercambio?Cabría pensar, siguiendo la lógica del pampeano, que él primero como gobernador y después como senador, acompañó todos los proyectos del kirchnerismo no porque estuviese convencido de ello, sino porque así garantizaba que La Pampa, base de su poder territorial, recibiera fondos y obra pública.En otra parte de sus declaraciones, Verna dijo: "Yo estoy de acuerdo en que la Presidenta proponga o quiera tener legisladores que voten las iniciativas que manda el Poder Ejecutivo; es razonable que quienes vayan en su boleta voten sus iniciativas".Ahora bien, otra vez es dable preguntarse: esos legisladores de que habla el provinciano Verna, ¿a quiénes representan: al poder central o a los intereses de los pueblos de las provincias?A juzgar por los dichos del pampeano, en suma, tenemos un escenario en el cual los gobiernos provinciales acompañan a libro cerrado en el Congreso las iniciativas del Ejecutivo (a cambio de fondos), al tiempo que la lista de los legisladores, que en teoría representan al territorio provincial, los nombra ese mismo Ejecutivo.Esta lógica del sistema político está más en sintonía con los regímenes unitarios (donde a los gobernadores regionales directamente los nombra el presidente) que con una organización federal.Argentina, sin embargo, eligió el sistema federal luego de apasionados conflictos y colisiones sangrientas. Así figura en la Constitución nacional de 1853.Fueron las Provincias las que armaron el país. De esta manera formaron una Nación, aunque sin perder su autonomía.Los gobernadores y los legisladores se preservaron, así, de enajenar la voluntad política de sus pueblos. Pancho Ramírez y Justo José de Urquiza levantaron la bandera, desde Entre Ríos, de la igualdad federal de los Estados frente a las pretensiones hegemónica del Puerto y la oligarquía porteña.El Congreso en esta organización refleja la voluntad de los pueblos que integran la Nación (no son delegados de la Casa Rosada). Y la piedra de toque de la dignidad provincial es el federalismo fiscal, que evita que las autoridades del territorio se conviertan en mendigos políticos.
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