La metamorfosis que produce la primavera
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Ha llegado la estación favorita de muchos, asociada siempre con la belleza, la juventud y la felicidad. Por eso la primavera ha inspirado a los poetas tanto como el amor. Llamada también "estación de las flores", esta época se coloca en las antípodas del frío y gris invierno. Y esto lleva aparejado, según los especialistas, un cambio en el humor.El Trastorno Afectivo Estacional (TAE), en efecto, es una forma de depresión causada al parecer por la insuficiencia de luz solar. Este padecimiento es más fuerte en lugares donde persisten los inviernos más prolongados y que tienen pocas horas con luz.Los síntomas que presenta la "depresión invernal" -como se la llama- se asocian a la tristeza, el vacío y la desesperación. El TAE es más común en los países nórdicos, donde predomina el clima frío y los días son más cortos.En Finlandia o Noruega, por ejemplo, cuando llega el invierno mucha gente se aleja de la oscuridad invernal y se va de vacaciones a un país ubicado más al sur (España, Italia o Grecia), buscando disfrutar del sol mediterráneo.Jean Sibelius, un famoso compositor finlandés, escribió: "Noto muchísimo los cambios de estación. (...) En invierno, cuando los días son cortos, siempre atravieso un período de depresión".Ahora bien, cuando la primavera regresa y los días vuelven a ser más largos y luminosos, las personas que padecen TAE experimentan un alivio de sus síntomas, su estado de ánimo y nivel de energía cambian notablemente.Ya el médico griego Hipócrates (460-377 a.C.) creía que las estaciones influían en el estado de ánimo de la gente. Lo cierto es que con la llegada del sol, en primavera, se dispara un estado contagioso: el buen humor."La luz solar tiene un efecto directo sobre el estado de ánimo. De hecho, para la depresión estacional (que ocurre en invierno) uno de los tratamientos es dar luz, dar primavera", sostiene el biólogo Diego Golombek."Pero a lo biológico -añade- hay que sumarle lo social: si hay más horas de sol salimos más y si tenemos mejor humor tenemos más ganas de relacionarnos. Además, usar menos ropa representa un ícono cultural que hace que miremos al otro y nos miremos de un modo diferente".Además las sensaciones placenteras no sólo giran alrededor del sol: también vienen de las flores. "En esta estación aumentan los procesos de olfación", explica Ignacio Brusco, director del Centro de Neurología de la Conducta y Neuropsiquiatría de la UBA. "Cuando uno huele el perfume de una flor que nos remite a un recuerdo placentero se estimulan diferentes partes del cerebro, como el hipocampo. Allí está la memoria y, al lado, la memoria emocional. Por eso, cuando la olemos, recapturamos información emocional guardada en la memoria", agrega.¿Es cierto, como dan a entender algunos, que la primavera eleva el deseo amoroso? No habría una evidencia científica de una asociación directa entre las dos cosas, aunque la poesía de todos los tiempos sugiere que sí.Es una cuestión de sensaciones, se dirá. Aunque nadie discute que la luz solar predispone a la mejoría anímica de las personas. Por otra parte, no es casual que se identifique primavera con juventud.De hecho, el día del estudiante se celebra junto con el inicio de esta estación. Oportunidad en que las plazas y paseos públicos se llenan de adolescentes, que festejan con música y color su condición, tan emparentada con la primavera.
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