La misión de alentar la virtud del diálogo
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ElDía celebra hoy 31 años de vida. El cumpleaños es una ocasión para ahondar en el desafío implícito de todo medio gráfico de convertirse en espacio público conversacional, fuera de todo fanatismo.En la actual cultura mediática se le pide a la prensa escrita que ayude a los lectores a darle un sentido a la noticia. Porque enterarse de lo que pasa no es lo mismo que comprender lo que sucede.Se trata de una tarea compleja y apasionante donde lo esencial es el conflicto de las interpretaciones sobre los hechos objetivos, la diversificación de miradas, los puntos de vista argumentales.Ha sido tradición de este diario no reducir esta actividad a los periodistas que trabajan en él, sino hacerla extensiva a personas y grupos que, desde distintas pertenencias sociales e ideológicas, quieran aportar sus pareceres.Un medio de comunicación encuentra aquí no sólo una demanda de sus lectores a abrir el juego a las opiniones diversas, sino una exigencia ética en orden a colaborar para afianzar el valor del diálogo social.Quien entienda el diálogo, el intercambio de pareceres, la polémica como una forma básica de la búsqueda de la verdad, puede entender cabalmente la importancia de lo que estamos hablando.En esa búsqueda no bastan las fuerzas del individuo aislado; antes bien es necesario el esfuerzo común. Nadie por sí solo es suficiente, todos necesitan del otro. Este convencimiento fundamental está en las antípodas del fundamentalismo ideológico.Los que se creen los "dueños de la verdad" aborrecen de todo ejercicio en el cual se necesite del otro para comprender las cosas. Porque son autosuficientes, porque se creen iluminados, no toleran a la persona que sostiene un punto de vista contrario al suyo.Esa gente no necesita argumentar sino imponer su credo, incluso por la fuerza. Para ellos el espacio público no es el lugar del intercambio, y sobre todo de la "escucha" del oponente, sino del monólogo y del pensamiento unilateral.No les interesa polemizar por la sencilla razón de que toda discusión le reconoce al otro el derecho a comprobar críticamente la verdad o falsedad de lo dicho. La argumentación no es una virtud de los convencidos, de los "sabiondos".Es más bien de los que metódicamente prefieren dudar para generar nuevos interrogantes frente a viejas respuestas. Por esencia un medio de comunicación democrático -es decir que no es agente de propaganda de una parcialidad- debe estar al servicio de este juego de la controversia.Afortunadamente hoy la argumentación ya no está cartelizada ni concentrada en los emisores de noticias. La interacción avanza, y los medios en general y los nuevos medios en particular establecen con sus audiencias o públicos cada vez más una conversación permanente.Argentina, desgraciadamente, no es un país que haya honrado la tolerancia de ideas. La negación de la razón del otro es un mal enquistado en su cultura. Y esto es una de las trabas que conspira con vistas a un proyecto nacional.Desde el periodismo, desde un medio del interior, se puede hacer un aporte al diálogo entre los actores sociales, con la esperanza de encontrar puntos en común en medio de la diversidad de pensamientos.La realidad siempre es polifacética y eso exige una mirada colectiva para ser entendida. De ahí la importancia de abrirse a la controversia, a las deliberaciones, al juego de las interpretaciones.De última es eso lo que justifica éticamente la existencia de un medio de comunicación.
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