La muerte de alguien honrado
Se produjo anteayer el fallecimiento de Roberto Sánchez, don Sánchez como le decían a su padre y como a él mismo le gustaba ahora que lo nombraran. Así es que quien murió fue Sandro, pero para nosotros Roberto Sánchez, alguien honrado en primer lugar.En estos tiempos de trampas, peleas y discusiones sin cuartel, enfrentamientos del tipo que se viven en el mundo del espectáculo, para trepar algún peldaño -aunque sea de plástico-, sin reparar lo efímero que resultan los éxitos huecos, de los que en vano se catalogan a sí mismos como "artistas", en realidad pertenecientes a un mundo vacío de valores simples, que poco a poco se han ido perdiendo,Sandro representa un fenómeno al que se le pueden buscar algunas explicaciones.Un tipo que gozó de los éxitos que lo acompañaron desde su debut televisivo en el 63, a los diecinueve de edad, que se paseó por el mundo siendo aplaudido y también idolatrado. Un personaje según todos lo expresan, tuvo la base de su popular reconocimiento, en la autenticidad.Simplemente como se mostró a lo largo de los cuarenta y pico de años de trayectoria profesional.Hay un detalle que encuentra unanimidad a la hora de los juicios personales: su honradez.De su jerarquía de verdadero artista, compositor, cantante, actor, hablaron las críticas a su debido tiempo. Lo respalda la trascendencia de ser un verdadero ídolo. Desde hoy, sin equivocarnos, serán muchos más los aspectos de su personalidad que se utilicen como referencia.Luchador, sacrificado, responsable, verdadero trabajador de lo suyo. Pero el que señalamos, que lo caracteriza en el total de la trayectoria de sus más de seis décadas de vida, es el de la honradez.Cómo no vamos a dedicar desde esta modesta columna de diario, unos párrafos para resaltar este valor de la honestidad de pensamiento y de acción, que tanta falta hace recuperar de manera generalizada en el cuerpo social de nuestro país.Esa conciencia colectiva, intuitiva, aguda y exigente a la hora de las instancias límites, jerarquiza claramente este tipo de valores, que hasta por un principio de lógica subsistencia como expresión comunitaria, deben estar presentes por un u otra razón. Por toda razón.Roberto Sánchez y Sandro, Sandro y Roberto Sánchez, el costado artístico y el de ciudadano común y corriente, dejan una huella interesante de valorar, que tiene que ser traspolada a los tiempos actuales, cargados de omisiones voluntarias, que derivan en estados de tensión y decepción permanente.Por cierto que el ejemplo al que estamos recurriendo, el de Sandro, no tiene el vuelo de las figuras académicas o científicas que han sido desde sus ámbitos un faro ejemplar para la vida de este país.No se trata de un meteórico representante deportivo de trascendencia triunfal, como aquéllos que también se han idolatrado en nuestra historia.Pero este caso de Sandro y por este costado de la honradez, puede llegar a alimentarnos positivamente en momentos, como lo hemos marcado ya, en que la demanda de paradigmas, de las pequeñas grandes cosas pueden llegar a ser bien revalorizadas. Eso es lo que constituye una necesidad imperiosa.Sí es cierto también, que sería mucho mejor si no esperáramos a la muerte, para hablar y promocionar las cosas que tienen que alimentar sanamente la vida de los que quedan y de los que vendrán,En la Argentina está bien incorporada a nuestro ser, una suerte de cultura de la muerte. La valoración de seres destacados las realizamos en cataratas de todo tipo y naturaleza de información, cuando alguien se muere.Sobre todo cuando ya es un ídolo en vida, o apunta a serlo con un tránsito hacia directo al mito. Por supuesto que una vez que murió. Como decimos.Podríamos aprender y cuidar, custodiar en vida, a esas posibilidades humanas de ejemplos positivos en diversas escalas. Aquí se produjo la muerte de un hombre honrado.Esa característica silenciosa, prudente, como naturalmente debería llevar toda persona sobre sí, en Sandro, en Roberto Sánchez, queremos rescatarla con mucha fuerza.Por encima de los shows mediáticos y el realce de otros aspectos que también lo muestran como referente de trascendencia.
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