La muerte viaja sobre ruedas
Casi a diario leemos o escuchamos que una o más personas han muerto en nuestra provincia por accidentes de tránsito registrados en rutas o ciudades.Por Mario Alarcón Muñiz Especial para El DíaEn lo que va del año (cuatro meses y quince días) suman 86 las víctimas fatales en Entre Ríos. A esta altura de 2009 eran 74. Se observa que la tendencia es ascendente, pero se trata de una estadística precaria, realizada sobre la base de las noticias publicadas y teniendo en cuenta sólo algunos de los decesos acaecidos con posterioridad al siniestro.Es probable que estos números no coincidan con los datos policiales (siempre menores, en la línea del Indec) ni con los registrados por la organización no gubernamental Luchemos por la Vida (generalmente mayores). De todos modos se trata de cantidades importantes. Y como están referidas a vidas humanas, que sean más o sean menos poco interesa. Aún tratándose de una sola persona, estamos refiriéndonos a un padre, una madre, un adolescente inaugurando la vida o un pequeño con todo el mundo por delante.La indiferenciaSi tenemos en cuenta lo sucedido en Entre Ríos en esta década, concluiremos que se trata de un problema muy serio, quizá el más grave de los asuntos públicos provinciales. Según Luchemos por la Vida -única estadística disponible- la progresión de muertos por accidentes de tránsito en nuestra provincia es la siguiente: 209 en 2001; 183 en 2002; 212 en 2003; 213 en 2004; 281 en 2005; 303 en 2006; 341 en 2007; 337 en 2008 (con menos tránsito a raíz del conflicto con el campo) y 327 en 2009. Casi una víctima fatal por día desde 2007 y en total 2.406 muertos en nueve años. Sólo en Entre Ríos.El fenómeno se repite en todo el país con características similares, al punto de convertir a los accidentes de tránsito en la primera causa de muerte entre personas menores de 35 años.El año pasado en la Argentina murieron 7.885 personas, algo así como si cada semana durante un año se precipitara a tierra un avión de 150 pasajeros. Es fácil de imaginar el revuelo que esto produciría. Sin embargo la cantidad de muertos es más o menos similar y no nos hace ni fresco.Llama la atención que las autoridades no hayan dispuesto adecuadas medidas de prevención y sanción de infractores, entre otras disposiciones orientadas a afrontar emergencias como la presente, porque de eso se trata: de una emergencia grave. Existe un comité provincial de seguridad vial y me consta que trabaja a favor de la educación de conductores y peatones, pero a juzgar por los resultados no es eficiente hasta ahora.Estamos en emergenciaEn principio nuestros conductores, en su mayoría, parecen incorregibles. Su inconducta es digna de una antología del asesinato y el suicidio. Cierto es también que la cantidad de vehículos ha crecido en forma desmesurada. Pero asimismo es cierto que la infraestructura vial no responde al tránsito actual. En alta proporción nuestros caminos entrerrianos fueron diseñados hace medio siglo, aunque su construcción haya sido más reciente. En esos tiempos nadie imaginaba la circulación de camiones de 60 toneladas, ómnibus de dos pisos, automóviles de 180 kilómetros por hora y el desatino de la desaparición del ferrocarril que obligó a derivar pasajeros y cargas enormes al transporte automotor. Nadie actualizó aquellos diseños ni se le ocurrió otra idea que la de atender algunas exigencias locales y a medias. Apenas la autovía Brazo Largo-Ceibas, su continuación a Gualeguaychú y algunos tramos de la ruta 14 de parsimoniosa construcción hacia el norte, se presentan como un pantallazo de la actualización tan necesaria.Esto no se cambia para la semana que viene, desde luego. Pero alguien tiene que pensar en hacerlo, más allá de los frecuentes discursos sobre el tema. Mientras tanto, son impostergables las medidas de prevención, señalización adecuada de las rutas, vigilancia, control y sanciones, si correspondieren. El bien intencionado comité de seguridad vial puede convertirse en un comité de emergencia vial con participación de todos los sectores oficiales o privados relacionados con el problema y de organizaciones vecinales y no gubernamentales con facultades de proceder hasta en el otorgamiento de la licencia de conducir. Ya no es suficiente conocer los cambios, guiar el volante y estacionar. Hay otras exigencias. Un ansioso no puede manejar. Un neurasténico tampoco. En Concordia una ordenanza de 1912 obligaba a los conductores (serían ocho o diez) a realizar un examen psíquico antes de autorizarlos a guiar un vehículo a motor. Hace 98 años.No es un asunto liviano. De su gravedad hablan las estadísticas. La muerte viaja sobre ruedas y no podemos continuar indiferentes, leyendo noticias de víctimas fatales.
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