Opinion |

La navidad empañada

Cuando vamos a celebrar algo importante buscamos un lugar a la altura de las circunstancias. Pero puede suceder que lo que deseamos quede lejos de las posibilidades económicas o tengamos dificultades de otro orden.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano (*)

María y José buscaron lo mejor para el nacimiento de Jesús pero les cerraron las puertas en la posada. Finalmente consiguieron lugar entre los últimos y descartados. Una cueva de animales en las afueras de una ciudad periférica del Imperio Romano.

Ambos primerizos como papá y mamá transformaron aquel establo oscuro, frío y maloliente en un espacio capaz de recibir al Rey del Universo. Dios no tenía pretensiones de grandeza. Se sentía feliz con la ternura y alegría de su pequeña familia y la visita de los pobres y los pastores, que en aquel tiempo eran despreciados por muchos.

La emoción, la alegría, los mensajes admirables que los pastores habían recibido… todo centraba la atención en el recién nacido.

Simultáneamente con esta realidad, también experimentaron el rechazo y la indiferencia. Como expresa el Evangelio “vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11).

Aquella alegría quedó guardada en sus corazones, y pronto tuvieron que escapar a Egipto porque Herodes buscaba al Niño para matarlo. La vida de la Sagrada Familia estuvo rodeada en muchos momentos por el sufrimiento y la incomprensión. Como tantas familias pobres o migrantes en nuestro tiempo que tienen que escapar con lo puesto hacia una cultura distinta que no siempre los acoge con brazos abiertos.

Nos conmueven las imágenes de familias desplazadas por la violencia, el hambre, la incomprensión. Ponen en riesgo sus vidas e integridad. Nunca faltan los corruptos que forman parte del crimen organizado y se aprovechan de los pobres para enriquecerse a costa de los débiles.

También entre nosotros vivimos la Navidad con una grave preocupación. “Esta Navidad nos encuentra en un momento histórico donde necesitamos una ardua reconstrucción: de las fuentes de trabajo, de la educación, de las instituciones, de los lazos fraternos. Muchas cosas se han roto y necesitan ser sanadas. Es momento de agradecer al pueblo argentino su paciencia, su cooperación, su resistencia.

Sin embargo, en estas últimas semanas el panorama se ha ennegrecido: la opción política pasó a ser una incomprensible urgencia, una febril obsesión por instaurar el aborto en Argentina, como si tuviera algo que ver con los padecimientos, los temores y las preocupaciones de la mayor parte de los argentinos. Otra cosa sería defender los derechos humanos de los débiles de tal manera que no se los neguemos aunque no hayan nacido.” (Conferencia Episcopal Argentina. “¿Por qué no renovar la esperanza?” 21-XII-2020)

Mañana, 28 de diciembre, se conmemora a los Santos Mártires Inocentes, asesinados por parecerse a Jesús en su edad. Los Obispos de la Iglesia Católica en la Argentina estamos convocando a una jornada de ayuno y oración ante el avance de una propuesta abortista que será tratada esta semana en el Senado de la Nación. Recemos por los que deberán debatir y votar. Al haber sido elegidos por el pueblo no recibieron un cheque en blanco, sino un mandato de representatividad.

Sabemos que son muchas las presiones políticas y económicas para llevar adelante este proyecto.

En realidad no se amplían ni reconocen derechos, sino que se privilegia la decisión de quien tiene poder por encima del indefenso.

Recemos por todas las familias que atraviesan situaciones de dolor.

*Arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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