La necesidad de pacificar al país
Argentina debe entrar en una era de paz y de concordia. Porque una cosa son el debate y la discusión política, esencia de la democracia, y otra es la política deliberada del encono y el odio.Un síntoma claro de intolerancia, contrario al espíritu democrático, es la actitud de alguna gente que no acepta el último resultado electoral. Maldice y vaticina el apocalipsis para el país, porque su facción política no ganó en las urnas.Cabe aclarar, al respecto, que en democracia un grupo político, que es siempre una parte, no se puede arrogar para sí la representación de una sociedad compleja, plural y diversificada, es decir el todo.Esta actitud se corresponde con la lógica del pensamiento único, un mal de los últimos años, donde los discrepantes o disidentes fueron colocados bajo sospecha y sometidos al escarnio público, tratados como enemigos de la patria."Ni vencedores ni vencidos". Esa debería ser la fórmula que deberían adoptar todos los que participaron en los últimos comicios. Esa frase pertenece al General Justo José de Urquiza, en la proclama que dio a conocer tras derrotar a Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, ocurrida el 3 de febrero de 1852.Allí el líder entrerriano, interesado en pacificar el país, propuso el olvido del pasado y la necesidad de trabajar en bien y por el progreso el país, al tiempo que pidió concordia y tolerancia a todos.Como si fuera poco, no pasó mucho tiempo para que Rosas y Urquiza se comunicaran por carta en los respetuosos términos de quienes están más cerca del "ni vencedores ni vencidos" que de la cristalización de los rencores.A nueve meses de Caseros, Rosas se dirige al "Exmo. Señor, Brigadier General, Don Justo José de Urquiza" en carta suscripta en Southampton, desde donde siente "molestar en sus altas atenciones al Jefe Supremo de mi País".Lo hace para expresarle "los sentimientos nobles que me animan" y agradecerle tanto la consideración que tuvo con su apoderado Juan Nepomuceno Terrero como por haber derogado la confiscación de los bienes suyos y de su hija Manuelita.Urquiza le contesta el 18 de marzo de 1853 desde San Nicolás a donde lo alcanzó el correo, y en su respuesta a Rosas lo trata de "estimado compatriota".La correspondencia entre ambas personalidades continuó hasta el 22 de abril de 1865 en que Rosas -desde Burgess Street Farm, cerca de Southampton- agradeció el envío de 1.000 libras. Más tarde despachó condolencias a la viuda de Urquiza tras el asesinato consumado en el Palacio San José.Esta historia enseña que los grandes personajes enemistados pueden deponer enconos y tratarse como compatriotas, cuando consideraciones superiores -como la paz y la concordia del país- se ponen por encima del egoísmo sectario y el revanchismo.El futuro argentino requiere tener presente ejemplos dados por grandes personalidades que sufrieron persecuciones y encarcelamientos, y que tuvieron la magnanimidad de perdonar.La figura más destacada en el ámbito mundial es Nelson Mandela, a quien la prisión lo transformó. "Fue una tremenda educación en la paciencia y la perseverancia. Ahí aprendí que la gente no odia, sino que aprende a odiar. También se le puede enseñar a amar y el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario", testimonió.El líder sudafricano, que logró unir a un país dividido, mostró que la política es una actividad que puede mejorar la convivencia social, reemplazando el fanatismo por la tolerancia y el egoísmo por el bien común.
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