La nueva China: ¿nuestra Gran Bretaña del siglo XXI?
Así como en el pasado Inglaterra, a través de ferrocarriles y frigoríficos, hizo de Argentina una de sus colonias, hoy la soja y el petróleo convertirían a China en el nuevo amo.La tesis podrá resultar escandalosa al relato nacionalista oficial. Al ex embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous, la idea se le escapó."Tenemos que pensar en China como nuestra Gran Bretaña del siglo XXI" declaró en 2010. ¿Qué asidero tiene esta conexión histórica? ¿Estamos frente a una idéntica matriz?Argentina cuenta hoy con el producto que el capitalismo demanda. Una situación similar a cuando exportaba a Inglaterra, entonces potencia dominante (siglo XIX), y los granos y carnes tenían precios altos en los términos del intercambio.No por casualidad el país tuvo un crecimiento muy fuerte de 1875 a 1913. En ese período Argentina -considerada el "granero del mundo"- crecía a tasas similares a las de Canadá y Australia.La influencia británica en la pampa -que pasaba también por los ferrocarriles- fue impugnada por un sector de la opinión pública, ganada por el discurso nacionalista de la época.La frase del vicepresidente Julio Argentino Roca (h), en medio de una negociación comercial con sir Walter Runciman, pasó a la historia: "Argentina es, desde el punto de vista económico, parte integrante del Imperio Británico".El célebre pacto Roca-Runciman, firmado en Londres en 1933, tuvo dos lecturas antagónicas. Para la elite gobernante, el país debió hacer concesiones para ganar el favor de su principal comprador, que estaba en problemas.Según la lectura nacionalista ése fue uno de los actos más vergonzosos de la historia nacional: a cambio de continuar con la compra de carnes argentinas, Inglaterra pasó a dominar los resortes básicos de la economía del país.¿La historia se repite hoy con China, la potencia asiática devenida primero en el principal comprador del país (soja), y últimamente en su principal inversor?China tiene aspiraciones hegemónicas -como Inglaterra antes-. Y tiene necesidad de alimentos y energía, dos materias primas clave. En este sentido, codicia los recursos naturales del país.De ahí que acabe de desembolsar 3.100 millones de dólares por la mitad de la empresa Bridas. De este modo logró hacerse del control del principal yacimiento petrolero nacional y de los derechos de extracción por 40 años sobre la totalidad de las reservas hidrocarburíferas de Santa Cruz.Un completo informe de Patricio Eleisegui en iProfesional.com, da cuenta de la penetración de los intereses asiáticos en múltiples ramas productivas en 23 provincias del país. Se sabe además que los chinos planean hacer aquí una inversión millonaria en ferrocarriles (curiosamente).Hace poco el gobierno de Beijing puso en jaque al establishment sojero local, al amenazar con no comprar más aceite, si Argentina ponía restricciones a importaciones chinas.En su última visita a China, la presidente Cristina Kirchner se quejó de la asimetría de la relación. Habló de romper con el esquema actual en que el "98% de lo que ellos (los chinos) nos venden tiene un alto valor agregado (maquinas, herramientas, electrónicos) y el 82% de lo que nosotros le vendemos no lo tiene".Alentó entonces la llegada de inversiones asiáticas a estas pampas, para que "ayuden a crear puestos de trabajo en el país" y "mayor valor agregado para las exportaciones argentinas"."La inversión en nuestro país la podrían usar como plataforma al mundo", le aconsejó la presidenta argentina a su par chino Hu Jintao.Al parece los chinos se han tomado en serio esta recomendación. La pregunta se impone: este nuevo socio privilegiado del país, ¿no reproduce las condiciones hegemónicas de Gran Bretaña en el pasado?¿Cómo se condice esta relación con la retórica nacionalista de la que es tan afecto el actual gobierno, según la cual el capital extranjero es enemigo del país?
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