La nueva opinión pública digital
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El saber de la mayoría, o del vulgo según como se vea, ha marcado el rumbo de las sociedades. Hoy, en las sociedades posmodernas, la opinión pública parece haberse refugiado en las redes sociales.La llamada "comunidad virtual" ha devenido, en efecto, en el ágora del siglo XXI. La plataforma digital, integrada por portales como Facebook, Twitter, Google+ e Instagram, actúa como la plaza de las ciudades griegas, el lugar de reunión de los ciudadanos para discutir sobre los problemas de la polis o ciudad.Los redes sociales pueden, en efecto, representar tanto un espacio de interacción y discusión de temas, como el sitio donde se hegemoniza la opinión.Los gobiernos, como es lógico, temen por lo que circula en las redes sociales, a las que no pueden controlar. El padre de la política moderna, Nicolás Maquiavelo, advertía al respecto sobre la importancia de lo que piensa el vulgo.En pleno Renacimiento se consideraba, así, a la opinión pública como equivalente a la imagen que los súbditos tenían de los príncipes o de los gobernantes.Por tanto, según Maquiavelo, para gobernar sólo era necesario conocer la imagen que el vulgo "esperaba" de su gobernante y, simplemente, ofrecérsela.En el siglo XVIII, el pensador inglés David Hume convirtió el tópico en una teoría de Estado. "El gobierno sólo se basa en la opinión", dijo al comprender cabalmente que nada sostiene a los gobernantes excepto el poder concentrado de pareceres semejantes mantenidos por particulares.Los individuos opinan de diferente modo, pero socialmente los criterios llegan a unificarse y entonces se hace un bloque homogéneo. En este caso, la opinión pública significa acuerdo explicito y tácito entre una multitud de personas para pensar lo mismo.En las redes sociales pasaría lo mismo: de espacio de discusión e interacción, donde todos los pareceres compiten entre sí, puede darse que una opinión sobre equis tema prevalezca sobre otras, de suerte que se convierte en dominante.Entonces lo que opina la esfera virtual, en sociedades posmodernas conectadas digitalmente, tiene fuerte incidencia en el pensamiento global de la sociedad. Esto no invalida las formas tradicionales de involucramiento con los asuntos públicos (marchas, protestas, boicots, etc.).Pero es evidente que lo que circula por las redes sociales está marcando el ritmo de la opinión pública. Lo que publican usuarios comunes y corrientes (textos, audios, videos e imágenes) puede crear una cierta sensibilidad social virtual.A veces esas intervenciones crean estallidos digitales que eventualmente tienen una resonancia sin precedentes en la opinión pública, generando un efecto bola de nieve.La cultura digital es interacción y esto hace que bulla la opinión. En efecto, gracias a esta tecnología, ahora cualquier receptor de un mensaje es también un potencial emisor, cosa que no ocurría con los medios tradicionales.El ágora digital es el lugar donde se fragua la opinión pública. Se trata de un espacio donde los usuarios defienden ciertas causas y aportan información que no aparece en otros medios.El uso del medio digital se está convirtiendo en una herramienta imprescindible para la libertad de expresión. Desde aquí se comprende el interés por censurar las redes sociales, por parte de gobiernos autoritarios.
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