La obesidad marca la infancia
La genética juega un rol trascendental en el desarrollo de enfermedades y los hábitos de la vida diaria la potencian. Una investigación reciente, realizada sobre 300 niños por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), arrojó que la supresión de un gen (el SH2B1) se relaciona con una fuerte tendencia a comer y subir de peso con facilidad.Sabemos que niños con sobrepeso, en comparación con niños de peso normal, son propensos a desarrollar muchos problemas de salud entre los que se pueden mencionar colesterol elevado y presión arterial alta, relacionados con enfermedad cardíaca en el adulto. Una enfermedad que fue considerada por mucho tiempo como del adulto, la diabetes de tipo 2, hoy se ha incrementado considerablemente en niños y adolescentes. Además de los problemas físicos que el niño pueda sufrir, de manera más inmediata puede padecer discriminación social y una baja autoestima. Las burlas en la escuela, la dificultad para hacer deporte, para dormir bien, para congeniar con los demás y el cansancio, afectan profundamente el bienestar de los niños con sobrepeso.Ante información de este tipo, uno podría pensar que nada hay para hacer ante un problema como la obesidad, que afecta a millones de niños actualmente, pero la realidad es otra.Si bien hay un componente genético, propio del individuo que predispone a algunos niños a padecer obesidad, no debemos olvidar que hay un entorno en el que el niño se desarrolla y que puede modificarse para prevenir el desarrollo de la enfermedad. Hábitos de la vida diariaLa familia tiene un papel muy importante, tanto en la prevención como en el tratamiento de la obesidad. El ambiente paterno puede afectar a comportamientos que aumentan el riesgo de este problema, como llevar una vida sedentaria, comer fuera (las raciones suelen ser más grandes) o ver la televisión.El hecho de ver televisión también deja al niño expuesto a una mayor cantidad de información a través de la publicidad, información que tiende a promover el consumo de alimentos poco saludables, sin dejar en claro los efectos negativos que tiene su consumo excesivo. También es importante destacar que las horas frente a la TV, son horas en las que el niño podría estar realizando alguna actividad de tipo físico, ya sea deportiva o simplemente el hecho de compartir juegos con amigos. Además, sentados frente al televisor, los niños tienden a consumir alimentos más allá de sentir apetito y sin un horario, llevándolos a consumir cantidades indiscriminadas de alimento.Actualmente, al hecho de la televisión debe sumarse el uso de la computadora a edades cada vez más tempranas, con aumento de los juegos de computadora en detrimento de los juegos grupales entre amigos. Con la llegada de Internet a un número cada vez mayor de hogares, también la comunicación se realiza a través de este medio y la tendencia de la población se inclina cada vez más hacia el sedentarismo.Además de este entorno, hay cuestiones que hacen a la prevención de la obesidad en los niños, como es el caso de la lactancia materna. Los niños amamantados tienen casi un 30% menos de riesgo de desarrollar obesidad en la infancia, en comparación con los niños alimentados con fórmulas preparadas, según demuestra un estudio realizado en Escocia y publicado en la revista 'The Lancet'.Todo esto cobra vital importancia, sabiendo que el padecimiento de sobrepeso en la niñez aumenta significativamente el riesgo de padecer obesidad en la vida adulta, y el hecho de prevenir este trastorno desde pequeños puede contrarrestar el aporte que trae a este problema la carga genética. Pautas básicas para producir un cambioSi el niño presenta obesidad, necesitan una evaluación médica completa de un pediatra para considerar la posibilidad de una causa física.Modificar la alimentación del niño es prioritario. Prepararle coloridos platos de verduras, buscar carnes con bajo contenido de grasa, retirar la grasa visible, condimentar con aceites vegetales crudos y menos mayonesa, dejar a disposición del chico frutas en detrimento de golosinas.La practica de actividad física continuada, programada y permanente es básico en el cambio de la rutina diaria, de ser posible acompáñelo en la misma.Manifestarle al niño que es amado y valorado recobra una importancia marcada y particularmente en los niños con este problema, al igual que el apoyo, aceptación e incentivo de los padres.Papás, sean un buen ejemplo para su hijo. Si ustedes disfrutan de comidas saludables y de realizar actividad física, es muy probable que haga lo mismo ahora y el resto de su vida.Área de Promoción de la Salud Y Prevención de Enfermedades - Teléfono: 03446-428820 APUNTESLa genética, la nutrición, la actividad física y los factores familiares contribuyen a la obesidad en niños y adolescentes. Si el padre o la madre son obesos, hay una posibilidad del 50% de que el niño también lo sea. Sin embargo, cuando ambos padres son obesos, un niño tiene una posibilidad del 80% de serlo. Si bien las influencias genéticas son importantes, debemos reconocer que los malos hábitos de alimentación y el exceso en las comidas, la falta de ejercicio y los patrones alimentarios de la familia también contribuyen a la imposibilidad de mantener un peso saludable.
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