La obsesión por la mejor forma física
El cuerpo ha adquirido una posición única que no tiene parangón con otra época. Su perfeccionamiento ocupa un lugar central en la vida de muchas personas, exigiendo esfuerzos de disciplina y autoinmolación.La palabra clave que se emplea para describir la dedicación al cuerpo es "fitness". Con ella se hace referencia a una actividad física de movimientos repetidos que se planifica y se sigue regularmente. Y esto con el propósito de mejorar el cuerpo.La estrategia incluye dieta, nutrición y descanso apropiados. La expansión de los gimnasios, adonde concurren regularmente hombres y mujeres deseosos de una buena figura, es un síntoma claro de esta tendencia.Después están los programas de entrenamiento de estilo militar que han llegado a ser populares entre los civiles. En Estados Unidos y Europa, por caso, estos cursos son muy comunes. Son impartidos generalmente por ex personal militar.Son conocidas, además, las competencias por el tamaño de los músculos. El culturismo es la actividad física encaminada al máximo desarrollo muscular del ser humano.La obtención de una musculatura fuerte y definida, más allá de la exigencia deportiva, empalma con el deseo de alcanzar un ideal estético centrado en el físico, convertido en un certificado de éxito social.En este contexto, la ansiedad que rodea al cuidado del cuerpo se ha convertido, para los expertos en marketing, en una fuerte potencial inagotable de ganancias.Alrededor de la cultura del cuerpo funciona una industria que promete a los consumidores la realización de sus aspiraciones individuales a través de técnicas y productos probados.La grasa corporal aparece como el enemigo numero uno a derrotar. Las ofertas del mercado para eliminar a este invasor son variopintas e insistentes, gracias a la tenacidad de una publicidad omnipresente en los medios de comunicación.A todo esto, el culto del cuerpo coexiste con la obesidad como un problema crítico de salud pública en varios países. El New York Times bautizó a la batalla contra la obesidad como una "guerra cultural" para este siglo.El cuerpo parece ser depositario de una ambivalencia profunda y difícil de erradicar. Mientras por un lado es instrumento de placer y carta de ciudadanía, por otro es fuente de angustiosos traumas psicológicos y de enfermedades mortificantes.La anorexia y la bulimia, por caso, son trastornos gemelos del apetito, que denuncian un desajuste brutal entre el ideal estético de una época, y los cuerpos reales de las personas, cuya maleabilidad tiene un límite.Algunos expertos llaman la atención que las personas, aunque hagan extraordinarios esfuerzos físicos, siempre experimentan una enojosa "falta de forma".Esto estaría relacionado con que no existe un "estado normal" de forma física al que se pueda aspirar y que se pueda lograr finalmente. Resulta imposible saber si el grado alcanzado de forma física corporal es el satisfactorio.No hay un nivel adecuado, un barómetro objetivo, a partir del cual uno puede decir que ha llegado finalmente a una forma aceptable. No; hay más bien una incertidumbre sobre el ideal, de forma que no existe modo alguno de conocer lo alejado que se está de la figura perfecta.Esto hace que la lucha por la forma física sea una guerra sin batalla final a la vista, y por tanto sin posibilidades de victoria. Es una lucha en la que no se descansa nunca y en la que se corre el riesgo de experimentar una compulsión, que enseguida se convierte en adicción.Toda figura física puede ser reconfigurada, aunque a costa de abnegados esfuerzos y a veces a un alto costo adictivo.
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