La ola verde le cantó jaque a la reelección de Macri
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Lo peor de la tormenta pasó pero las causas que la provocaron siguen ahí, intactas. Claro que nada de lo que sucedió en las últimas semanas se fue sin dejar huellas. El sacudón socavó las bases de Cambiemos pero, sobre todo, del pequeño grupo que tomaba las decisiones. La política o la economía. ¿Qué es más importante? En el gobierno algunos todavía se lo preguntan.Por Jorge BarroetaveñaDebatir a esta altura si subestimaron las bombas que dejó Cristina, si lo contaron debidamente o si podría haberse aplicado una política dura no tiene mucho sentido. Cambiemos lleva ya más de la mitad de su mandato y los mandobles a la herencia recibida tienen cada vez menos efecto. Es lógico entonces que la sociedad haya transferido ya un gran porcentaje de la responsabilidad a quien eligió para que solucione los problemas. Los viejos, heredados, o los nuevos, no importa cuáles a esta altura.Para la cátedra a Macri le faltó política en estos dos años. Creyeron que con los nuevos métodos cocinados al calor de los focus group alcanzaba no sólo para ganar elecciones sino también para gobernar. Que la figura de Durán Barba creció hasta convertirse en una especie de gurú infalible, cuya palabra era santa. O que la figura omnipresente de Cristina serviría para todo uso. No fue así, aunque tampoco la historia es tan lineal.El gobierno cometió errores no forzados en la gestión de la economía, se quedó a mitad de camino en muchas iniciativas de transparencia pública y no supo transmitir el esfuerzo que le implicaría al país salir del pantano."Fui demasiado optimista", sostuvo el Presidente en una conferencia de prensa el jueves en Olivos. Sí, pecó de optimista pero también se equivocó en la distribución de los roles dentro de su equipo y en no saber hasta dónde la política le facilitaría navegar en aguas turbulentas. Allí está en el Senado el histórico Miguel Angel Pichetto que ha sobrevivido a cuanta tormenta se le plantó. Si hasta se da el lujo que Carlos Menem lo lance como candidato presidencial.Pasa que Cambiemos arrastra el fantasma de la Alianza, que terminó mal y siguió peor. Para eso el peronismo es ideal, porque siempre hay alguien que se encarga de recordar el pasado y mantenerlo presente. La vieja historia que sólo el peronismo puede gobernar a un país como la Argentina. Esa ruta lleva a la sobreactuación, y en ocasiones, a la exageración en detrimento de las buenas prácticas políticas.Macri tiene algo que lo distingue de los mandatarios anteriores: muestra interés por escuchar otras voces más allá de su entorno. Es común que periodistas, economistas o gente de distintos quehaceres sea invitada a Olivos para charlar con el Presidente. Quizás sea su único cable a tierra en la soledad del poder. "Hable con él, le di mi opinión y le dije lo que se podría hacer -contó Lousteau, el ex ministro de Cristina y embajador de Macri en USA luego de su entrevista con el Presidente-. De todas maneras me parece que mucho no van a cambiar".Una de las primeras medidas que tomó Macri ante las quejas fue volver a darle al Banco Central el manejo de la política monetaria y la responsabilidad última y primara de bajar la inflación. La difusa imagen de la conducción económica llevó a tomar decisiones erróneas que contribuyeron a la crisis cambiaria.Desde hace meses, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos decidió ir retocando la tasa, el cielo empezó a ponerse negro para la Argentina. El financiamiento del déficit, cada vez más caro, nos deja en un cuello de botella con pocas alternativas. El Fondo o la aplicación de políticas de shock, y nadie en la Argentina supone que esto sea posible.Lo sorprendente es que hasta la oposición parece haber entendido que agitar viejos fantasmas ya no da resultado. Si la economía acaba por arrastrar a la política, será un vendaval que no dejará nada en pie.El 2001 no sólo se llevó el sistema económico dejando a la mitad de los argentinos en la pobreza, tampoco quedaron en pie los partidos políticos, que recibieron un golpe del que todavía no han podido recuperarse. ¿Vale recordar que en el 2003 el peronismo llevó tres candidatos a la presidencial? ¿Y qué Kirchner fue presidente con el 22% de los votos porque Menem renunció a la segunda vuelta?Esa experiencia también dejó huellas en la oposición y alguien llamado Eduardo Duhalde de vez en cuando se encarga de recordarlo. La crisis cambiaria le puso blanco sobre negro a Cambiemos que política y economía deben ir de la mano. Que los yerros de la gestión se pagan caros porque no hay más colchón de tolerancia y que, antes que pensar en la reelección, se debe pensar en el día a día. Sin presente no hay futuro posible.La semi calva cabeza de Ernesto Sanz y los buenos modales de Emilio Monzón levantaron las acciones y asomaron por Olivos después de meses de abstinencia. Hasta dónde llegará su influencia sólo lo sabe el Presidente. Tanto como que el sueño de la reelección, por ahora, quedó en capilla.
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