La opinión pública siempre es voluble
Aunque sigue siendo la principal minoría política del país, el kirchnerismo bajó casi 30 puntos entre los 54 que obtuvo en 2011 y los 27 que cosechó en los comicios del domingo.Se sabe que las elecciones legislativas de medio término reales son en octubre. Pero las primarias (PASO) anticipan una tendencia, y operan como una gran encuesta que toma el pulso de la opinión pública.Si bien el gobierno intenta hoy minimizar sus resultados, señalando que todavía nadie ganó nada, de confirmarse esa tendencia en octubre, resultará que en apenas dos años el oficialismo habrá perdido la mitad de sus votos.Aunque todos los mandatarios pierden votos en las legislativas, el gobierno de Cristina Kirchner bajaría en esa hipótesis los niveles de aceptación política de forma inusual, superando a otros presidentes en la misma situación (como Raúl Alfonsín y Carlos Menem).Más allá del análisis estrictamente político, de las causas y consecuencias de esa pérdida de apoyo del oficialismo entre los votantes, la primera lección que deja el domingo es que el voto va y viene.Las PASO fueron la expresión de un estado de la opinión pública en Argentina. Es decir reflejaron el conjunto de los pareceres del público, de los ciudadanos. Y lo que parece claro es que estas opiniones son convicciones frágiles y variables."Acá un día sos Gardel y al otro día estás en la lona". Esta expresión tan argentina describe, con bastante plasticidad, que la popularidad en Argentina (como ocurre en otros lados) es un arma de doble filo: el reconocimiento público es un sube y baja.Se da también el movimiento contrario: se puede estar en la lona, y luego emerger como el ave fénix. "En política nunca nadie está muerto", es una frase vernácula que advierte que en esta materia todo es posible, incluso las resurrecciones.De esto sabe, de hecho, el oficialismo. La derrota en las elecciones de medio término de 2009 hizo presagiar el "fin del kirchnerismo", hipótesis que finalmente no se verificó, porque Cristina Kirchner ganó luego abultadamente en 2011.Es importante hacer constar, a la luz de los resultados del domingo y del comportamiento electoral en el pasado, que la opinión pública es enteramente voluble, no es estática.Esa opinión se mueve según los vaivenes de acontecimientos de distinto tipo, de suerte que en determinado momento puede adherir entusiastamente a una facción política, hasta que el enamoramiento, por razones diversas, se trueca en rechazo.Los sentimientos de los votantes son caprichosos: un día favorecen y otro se vuelven en contra. Para los politólogos desde hace tiempo entró en declive el llamado "voto cautivo". Es decir el caudal electoral propio, fijo, estable, con el que cuentan los partidos políticos, se está licuando.La adhesión cuasi-religiosa a un partido, por motivos de situación de clase, de adhesión ideológica o personal a un líder, o por tradición familiar es algo que está perdiendo predicamento.Parece bastante generalizada la idea de que se está reformulando constantemente la relación entre la oferta política y los votantes, en un contexto de una creciente desafección ciudadana.Hay razones para creer que la gente hoy vota más a personas que a partidos e ideologías. Y de ahí la incursión del marketing político, donde los candidatos se ofrecen al electorado como cualquier producto comercial.El uso de técnicas electorales, con la intención de capturar al votante, se parece al que se emplea en el mercado de consumo, donde las preferencias también son volátiles.
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