La paradoja cultural por exceso de medios
Hay quejas de que la cultura general baja de nivel, y ello pese a una inédita abundancia de todos los medios para adquirirla y desarrollarla.El exceso de medios tecnológicos, que supone la mayor circulación de datos, no implica, por caso, que nuestros estudiantes sepan más ni que comprendan mejor el mundo.Si diría que al contrario: la sobreabundancia de medios coincide hoy con una declinación intelectual de la escuela, y de hecho la "incultura" crece en medio de las computadoras.En el pasado, sin embargo, quien quería estudiar debía lidiar con la falta de libros. Los problemas de infraestructura, en cuanto a provisión de materiales académicos, conspiraban contra los estudios.Había de hecho diferencias marcadas entre los alumnos poseedores de esos recursos y los que no contaban con los medios para encarar una carrera.Cabría trasladar este desequilibrio entre la producción y el consumo a otras esferas culturales. En el mundo editorial, así, son más las publicaciones que la cantidad de personas dispuestas a leerlas.Se sostiene, en tanto, que ha sido una conquista de la sociedad contemporánea la existencia de un sistema múltiple y plural de información, frente a la oferta única y controlada, propia de los regímenes totalitarios.Pero la circulación libre de datos y de noticias, el hecho de que las personas tengan más acceso a la información, ¿ha significado una mejor ciudadanía?En las sociedades occidentales abiertas, el entorno se ha convertido en un río de noticias, pero al mismo tiempo, esa cantidad y universalidad no garantiza que el receptor de los mensajes sepa captar lo que fluye bajo ese río.Hay quienes advierten sobre los "daños colaterales" del aluvión informativo. Las bulimia de consumo de sucesos y acontecimientos, en un punto paraliza la capacidad reflexiva del informado, incapacitándolo así para hacer una síntesis de lo que recibe.El intelectual argentino Guillermo Jaim Etcheverry propuso no hace mucho hacer un "ayuno informativo", una dieta necesaria, al parangonar el sistema cognitivo de las personas con su sistema digestivo.Así como el cuerpo se puede indigestar por exceso de comida, o alimentos de mala calidad, la mente de cada uno de nosotros puede, análogamente, pagar un alto precio por la absorción adictiva y acrítica de datos.Etcheverry cita al respecto a David Meyer, profesor de psicología de la Universidad de Michigan, para quien "nos enfrentamos a una plaga cognitiva capaz de anular la capacidad de concentración y el pensamiento productivo de una generación entera".El deseo de estar informado sobre lo que sucede puede jugarnos en contra. "Perdemos la capacidad de concentración y sacrificamos así la posibilidad de plantearnos los eternos dilemas humanos, ahogados como estamos en la información a la que, cada día más, nos cuesta encontrarle un sentido", completa Etcheverry.Los estudiosos de la comunicación, en tanto, hablan de la "disfunción narcotizante" de los medios, al evaluar el efecto deprimente que tiene sobre el público la exposición a grandes cantidades de información.Uno de esos efectos es la escasa participación ciudadana. "El ciudadano interesado e informado puede sentirse satisfecho por todo lo que sabe, sin darse cuenta de que se abstiene de decidir y de actuar", sostienen Paul Lazarsfeld y Robert Merton.Podría ser "que la expansión de la comunicación de masas estuviese apartando las energías humanas de la participación activa para transformarla en conocimiento pasivo", dicen los autores.
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